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viernes, 12 de agosto del 2022
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OPINIÓN | «Lluvia fuerte en la madrugada», por Edinson Martínez

Estando persuadido de que tal vez no sea el momento para el debate de un replanteamiento del tema de la descentralización política y administrativa en el país, no deja de inquietarme la desafortunada deriva de un proceso que habría podido dibujar un nuevo e interesante mapa económico y productivo de Venezuela, de novedosas esferas de competitividad entre las regiones, soportando el desarrollo nacional en un relevante protagonismo de los municipios. Siempre recuerdo muy nítidamente el peso en nuestra región que en su momento llegó a tener el antiguo Distrito Bolívar, incluso en tiempos en que el tema de la descentralización aún no figuraba en la agenda política nacional.

Este distrito, con su concejo municipal a la cabeza, porque la figura de la alcaldía todavía no existía, en el curso de varias gestiones, muchas de ellas convulsas y no exentas de la diatriba política, llegó a conformar por encima de ellas importantísimos logros, siendo pionero nacional en iniciativas como la distribución del gas doméstico e industrial por tuberías, después de prácticamente arrebatarle esa competencia al poder nacional. Nadie recuerda esa, pero Gasdiboca fue una tremenda experiencia en el ámbito de las competencias municipales cuando incluso en el país se hablaba poco de ellas.

Mucho antes constituyó uno de los frigoríficos más importantes del Zulia, que con una mirada de más largo alcance, y quizás en un contexto político menos afectado por la pelea chiquita que nos fue destruyendo, habría tenido potencial para un gran emporio industrial para el procesamiento de los derivados cárnicos de nivel nacional.

La constitución y desarrollo de la zona industrial de la Costa Oriental del Lago, Zicolca. Cuyo potencial en una región pensada para un desarrollo petrolero aguas abajo, que por otra parte era el asiento de la mayor zona productora del país, constituía en las primeras de cambio una ventaja competitiva de primer orden con relación al resto de la nación.

Ese viejo distrito, llegó hasta conformar una paramunicipal para la construcción de viviendas, pudo construirlas y venderlas muchas de ellas, creo que su nombre era Incolca. Aquí en Ciudad Ojeda, esos tres enormes edificios que se ven en nuestro paisaje urbano, en mirada hacia Lagunillas fueron construidos por dicha paramunicipal.

Todo ese empuje se perdió en nuestros municipios cuando aquel modelo de distribución de la renta petrolera y el paradigma descentralizador apenas asentándose, se sustituyó por el actual. Y no es que no estuviera urgido de importantes revisiones, de reformas para, en este caso profundizar su perfil como catalizador del desarrollo, y no una vuelta al Estado centralizador mezclado con una improvisada, quizás disparatada e irresponsable idea de desactivar el poder municipal, convirtiéndolo en una institución precaria, reducida a medido atender las golpeadas competencias que aun le sobreviven. 

Creo que, incluso pese al clima adverso, debemos replantear el tema municipal, incorporando ahora los nuevos elementos de la posmodernidad. Estoy convencido de que en nuestro país no habrá espacio para la recuperación sustentable sin la participación del poder local.

En la COL, con una vida local tan compleja, derivada de su propia conformación socioeconómica, con un tan complicado panorama económico como el que se avizora en el corto y mediano plazo para Venezuela y el mundo; con una devastación, además, agravada precisamente por el propio Estado venezolano, no saldrá de su postración si los gobiernos locales permanecen al margen de las acciones gubernamentales para superarla.

Feliz día.

Edinson Martínez

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