Esta madre de familia y profesional es el rostro de la superación en la Universidad del Zulia. Como referente de la educación inclusiva, convirtió el lenguaje de señas aprendido en su hogar en una herramienta para graduar a decenas de estudiantes con discapacidad auditiva. Su historia es un testimonio de valentía que demuestra que, con organización y compromiso, no existen barreras para transformar positivamente a toda una comunidad.
Ana Carrizo, una mujer de múltiples facetas que ha dedicado su vida a la inclusión y la superación. Se desempeña como intérprete de lengua de señas en la Universidad del Zulia, es Licenciada en Educación y T.S.U. en Informática. Su ingreso al mundo laboral estuvo marcado por su realidad como madre soltera, asumiendo la responsabilidad de sacar adelante a su hijo, quien hoy tiene 27 años de edad y le ha convertido en abuela de 4 nietos.
Ana lleva más de nueve años trabajando como personal contratado en la universidad, aunque su experiencia ayudando a derribar barreras supera los treinta años. Su trabajo permite que muchos estudiantes con discapacidad auditiva logren lo que muchos creían imposible al graduarse en carreras como Artes, Contaduría y Deporte. Más que traducir palabras, ella acompaña el sueño de cada alumno hasta el día de su graduación.
Lo que hace su historia aún más especial es el origen de su talento. Ana no fue a una academia para aprender lengua de señas; ella nació y creció con este lenguaje en su hogar. Al tener familiares con discapacidad auditiva, las señas fueron su primera forma de conectar con los suyos, transformando esa realidad familiar en una profesión que hoy ayuda a cientos de personas.
A pesar de las dificultades diarias, Ana mantiene una postura firme ante la vida y el trabajo. No cree en las limitaciones y está segura de que la disciplina que se aprende en el hogar es fundamental:
«Ser madre no es un obstáculo para estudiar, para trabajar ni para organizarse. Una madre tiene que seguir adelante, porque allá al final está el éxito».
Con esa misma determinación que la ayudó a criar a su familia y a obtener sus títulos universitarios, Ana asegura que todavía tiene mucho camino por recorrer. Afirma sentirse con la energía y el corazón listo para seguir trabajando 30 años más si es necesario, demostrando que cuando una mujer se organiza y tiene clara su meta, no hay obstáculo que la detenga.
Texto: Gladys Castillo
Fotos: Carlos González
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