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miércoles, 20 de mayo del 2026
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COSTO INVISIBLE DEl COLAPSO por ​José Gregorio Figueroa

​Las crisis estructurales suelenEL medirse a través de los agregados macroeconómicos: la caída del Producto Interno Bruto (PIB), la inflación persistente o la depreciación de la moneda nacional. Sin embargo, el verdadero impacto de una emergencia humanitaria compleja se manifiesta en el tejido social y en la rutina diaria de sus ciudadanos.

​En la Venezuela de hoy, el prolongado colapso económico e institucional ha generado un fenómeno bidimensional. Por un lado, una contracción severa de la calidad de vida, marcada por la precariedad de los servicios públicos y la insuficiencia de ingresos; por el otro, un daño mucho más silencioso y a largo plazo: la pérdida de capital humano, el deterioro del sistema educativo formal y la desigualdad en el acceso a la conectividad están comprometiendo no solo el presente, sino el desarrollo estratégico de las próximas generaciones.

​Los bajos ingresos y el deterioro de los servicios públicos

​La calidad de vida en el contexto venezolano ha sufrido una mutación regresiva debido a factores estructurales acumulados. De acuerdo con datos históricos y proyecciones de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI), desarrollada por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), la pobreza multidimensional en el país se mantiene estrechamente vinculada no solo a la falta de ingresos, sino a las carencias en la infraestructura básica (agua, electricidad, gas y salud).

​A ello se le suma un poder adquisitivo deprimido frente a una canasta básica sumamente elevada. A pesar de las burbujas de dolarización informal y de una desaceleración de la hiperinflación en comparación con el ciclo 2017-2021, la diferencia entre el salario y el costo de la vida sigue siendo crítica. Los reportes del Centro de documentación y análisis social de la federación venezolana de maestros (CENDAS -FVM) demuestran de forma progresiva que la canasta alimentaria familiar supera con creces el ingreso real del trabajador promedio, en especial dentro de la administración pública.

​Asimismo, el acceso intermitente al agua potable y los racionamientos eléctricos cronificados actúan como un impuesto regresivo. Las familias deben usar sus limitados recursos financieros para cancelar servicios de agua cisterna, mientras que el comercio y las industrias se ven obligados a adquirir plantas eléctricas, sistemas privados de agua o conectividad independiente, lo que erosiona la capacidad de ahorro e inversión en salud y nutrición.

​En materia alimentaria, datos de organismos internacionales como Unicef detallan que, si bien existen esfuerzos de asistencia humanitaria, los rezagos en el estado nutricional y en la salud materno-neonatal siguen siendo desafíos críticos.

La brecha del conocimiento y el rezago escolar

​Mientras la crisis material es evidente, el colapso del ecosistema del conocimiento avanza de forma subterránea, segmentando a la población entre quienes pueden pagar una educación privada y quienes quedan rezagados en un sistema público desmantelado. Esta brecha se fundamenta en elementos clave como el desgaste del capital docente.

​El principal activo de cualquier sistema educativo es su grupo de docentes; sin embargo, estudios publicados por diversas organizaciones de investigación destacan la falta de una generación de relevo como un daño colateral crítico de la crisis. Con salarios pulverizados, miles de educadores han migrado al sector informal, al comercio o fuera de las fronteras nacionales. En consecuencia, las escuelas operan frecuentemente bajo horarios de contingencia (clases dos o tres veces por semana), privando a los alumnos del tiempo mínimo de escolaridad necesario. Esta situación ha ensanchado una brecha de límites asombrosos en la cual niños y jóvenes, ante la debilidad del sistema, caen en el abandono escolar o presentan bajos rendimientos.

​Los datos del Sistema de Evaluación de Conocimientos en Línea (SECEL) de la UCAB y los reportes de agencias internacionales revelan un panorama alarmante sobre el rendimiento estudiantil:
​Competencias básicas: Las evaluaciones estandarizadas aplicadas a alumnos de educación básica demuestran que una abrumadora mayoría no logra alcanzar los niveles mínimos en comprensión lectora, lenguaje y matemáticas.

​Exclusión en alza: Se estima que cientos de miles de niños y adolescentes en edad escolar permanecen fuera del sistema formal o asisten de manera irregular debido a las fallas de transporte, la deficiente alimentación, el deterioro de la infraestructura de los planteles y la baja accesibilidad a herramientas tecnológicas.

​Entendiendo que el conocimiento moderno está mediado por la tecnología, la brecha digital en Venezuela profundiza las desigualdades. Por un lado, un sector minoritario accede a conexiones de fibra óptica de alta velocidad y herramientas de Inteligencia Artificial para el autoaprendizaje; por el otro, la mayoría de la población rural y de sectores populares depende de una infraestructura de telecomunicaciones pública debilitada. No tener conectividad hoy equivale al analfabetismo del siglo XXI .

​Lo anterior conlleva un impacto económico profundo, fundamentado en las bajas asignaciones presupuestarias y en la caída colateral de la productividad del país. A pesar del otorgamiento de licencias para iniciar operaciones a empresas petroleras y de las propuestas de reforma a la Ley de Hidrocarburos, la falta de una seguridad jurídica sólida retrasa la recuperación sostenible de la actividad económica general.

​Conclusión

​La crisis venezolana ha demostrado que un país puede perder capacidades cognitivas y técnicas a una velocidad alarmante sin necesidad de atravesar un conflicto bélico o un desastre natural. La destrucción de la calidad de vida y de la educación pública ha actuado como un agente erosivo del capital humano.
​La urgencia de la infraestructura del saber: La recuperación económica real no se logrará únicamente reactivando la producción primaria o el sector energético; requiere urgentemente un Acuerdo Nacional por la Educación. Es imperativo dignificar la profesión docente, actualizar las prácticas pedagógicas y dotar de conectividad e infraestructura tecnológica a las instituciones del país.

​Mitigar el ensanchamiento de la brecha del conocimiento es el desafío más urgente de la sociedad venezolana. De lo contrario, la brecha social y económica actual se transformará en una fosa cognitiva insalvable, condenando al país a un ciclo permanente de rezago frente a las exigencias del mundo moderno.

​José Gregorio Figueroa
@FigueroaZabala

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