Las recomendaciones apuntan a priorizar alimentos de origen vegetal como frutas, verduras, cereales integrales y legumbres, junto con pescados ricos en omega-3. Este patrón alimenticio, sumado al consumo de grasas saludables y a la reducción de grasas saturadas y trans, contribuye a preservar la memoria y mejorar el funcionamiento cerebral.
Una alimentación equilibrada se consolida como un pilar clave para proteger la memoria y la salud cerebral a lo largo de la vida. Así lo advierten especialistas de Mayo Clinic y la nutricionista Lizzie Bertrand, egresada de Iowa State University, quienes coinciden en que la combinación de una dieta adecuada y hábitos saludables puede reducir el riesgo de deterioro cognitivo.
Las recomendaciones apuntan a priorizar alimentos de origen vegetal como frutas, verduras, cereales integrales y legumbres, junto con pescados ricos en omega-3. Este patrón alimenticio, sumado al consumo de grasas saludables y a la reducción de grasas saturadas y trans, contribuye a preservar la memoria y mejorar el funcionamiento cerebral. Además, se enfatiza el control del colesterol y la glucosa, la práctica regular de ejercicio y la eliminación del tabaco como factores determinantes para la salud cognitiva, reseña Infobae.
Entre los alimentos más beneficiosos destacan los frutos rojos, como los arándanos, ricos en antioxidantes como antocianinas y flavonoides, asociados a mejoras en la función cerebral. También las uvas rojas, por su contenido de polifenoles y resveratrol, y la sandía, que aporta hidratación y licopeno, ayudan a prevenir la fatiga mental.
Las grasas monoinsaturadas, presentes en el aguacate y el aceite de oliva extra virgen, favorecen la circulación sanguínea, mientras que vegetales como la remolacha —rica en nitratos— mejoran el flujo de sangre hacia el cerebro. Las hojas verdes oscuras, como espinacas y acelgas, aportan vitamina C y folato, esenciales para reducir la inflamación.
Los cereales integrales y las legumbres, como lentejas y garbanzos, proporcionan carbohidratos complejos que el cerebro utiliza como fuente de energía. “Las neuronas dependen de la glucosa derivada de estos alimentos”, explica Bertrand. A esto se suma el consumo regular de pescados como salmón, sardinas o caballa, recomendados una o dos veces por semana por su aporte de omega-3.
Asimismo, mariscos como mejillones y ostras aportan vitamina B12 y hierro, fundamentales para evitar trastornos de memoria, mientras que frutos secos como nueces y almendras ayudan a controlar la presión arterial y los triglicéridos.
El papel de las especias y semillas también cobra relevancia. El cacao, rico en flavonoides, protege las arterias; el romero favorece la circulación cerebral y la menta puede contribuir a la retención de información. Las semillas de sésamo, por su contenido de minerales y aminoácidos, participan en la producción de dopamina, clave para la memoria y la concentración.
Incluso el azafrán ha mostrado efectos positivos en casos leves o moderados de Alzheimer, según Mayo Clinic.
Los especialistas coinciden en que no existe un único alimento milagroso. La clave está en un enfoque integral que combine una dieta variada con hábitos saludables sostenidos en el tiempo, como la actividad física diaria y el control de factores de riesgo cardiovascular, para preservar la función cognitiva y la calidad de vida.
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