En Maracaibo el calor no es solo un clima; sin electricidad, es una condena que nos cocina diariamente. Bajo un sol que no da tregua, la ciudad se ha convertido en un horno a cielo abierto donde las familias ya no habitan sus casas, sino que las padecen.

Con solo medio asomarsre a las calles de la ciudad . Se observa el rostro de desespero de quienes salen buscando el aire y la comida que hasta en la oscuridad muchas veces se les niega.

El intenso calor de la capital zuliana, con sensaciones térmicas que superan habitualmente los 45 °C o 50 °C, sumado al constante racionamiento eléctrico, convierte el día a día en un reto monumental. Para la mayoría de los habitantes, la experiencia es equiparable a estar dentro de un gigantesco horno.

En el centro de la ciudad, la gente anda con sombrillas, pañuelos en la cara, y una botella de agua en la mano como si fuera el tesoro más preciado. Algunos prefieren meterse debajo de los techitos de los negocios, mientras otros siguen su rumbo sudando a chorros.
Esta realidad afecta gravemente el descanso, la salud y el estado de ánimo de los ciudadanos. Así lo han advertido especialistas médicos, quienes reiteradamente ofrecen recomendaciones para enfrentar una ola de calor que, según los pronósticos, se intensificará a partir del próximo 20 de agosto.

La explicación científica detrás de estas elevadas temperaturas responde, principalmente, a la declinación solar (la incidencia perpendicular de los rayos del sol sobre el territorio nacional) combinada con la alta humedad relativa típica de la región, un factor que dificulta la evaporación del sudor y, por ende, el enfriamiento eficiente del cuerpo.
Asimismo, influyen fenómenos meteorológicos locales que, al interactuar, generan cielos despejados que potencian la radiación diurna o, por el contrario, concentran la humedad sin dar tregua ni alivio térmico a la población.
Foto: NAD
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