Basta un día de compras para darse cuenta de que en realidad es otro mundo. Las Pulgas es el mercado ícono del estado Zulia no solo por su tamaño sino por lo que ahí se vive.
Ropa nueva, de segunda mano, lo último en gomas, jeans,franelas,zapatos, carteras, bisutería y joyas, a menudo de marcas reconocidas se ofrecen en este sitio a distintos precios.
Se consiguen desde discos de vinilo, fotografías antiguas, monedas, relojes y objetos de decoración únicos, electrodomésticos, equipos de sonido, herramientas, y objetos para el hogar, libros usados, sin contar todo tipo de comida, desde carnes,verduras y frutas en cantidades industriales, junto a cigarrillos de todas las marcas y precios y licor desde los más finos hasta el «chirrinchi» guajiro.
«En Las Pulgas, ahí si hay», es un dicho de los maracuchos tienen y no dejan de tener razón. Ir a este centro comercial con una cámara es un acto de audacia. En este epicentro del comercio zuliano se capta de todo: es el lugar ideal para el hallazgo de objetos únicos, desde artículos de gran valor hasta «tesoros» de segunda mano y algo que no tiene control alguno, existen pasillos completos convertidos en farmacias ambulantes donde se venden medicamentos sin control traídos desde Colombia y otros países.
Los vendedores —mujeres, hombres, ancianos y niños, en su mayoría de la etnia wayúu— son parcos al explicar procedencias o calidades. Hablan poco con los compradores y prefieren el marketing del grito: “¡Mirá, dos por uno!”, “¡Aquí sí hay!”. Para los habitantes del Zulia uno de los estados más poblados de Venezuela, Las Pulgas es la solución inmediata ante algunas necesidades; un corazón comercial que late con la cultura marabina.
Desde agujas hasta carros
Es conocido por vender «lo inimaginable». Los comerciantes suelen sentenciar: “Aquí se vende desde una aguja de tejer hasta un carro». Si no lo conseguís aquí, es porque no existe”. Lo asegura el que ha pasado su vida en estos pasillos de «cabo a rabo».
En un recorrido por este emblemático sitio de la ciudad. Nuestra aventura comenzó a las seis y media de la mañana, hora en la que los buhoneros bordean el perímetro y los comerciantes establecidos levantan sus santamarías. Aquí se ofrece desde una mezcla de granos, café y aceite comestible, con billetes de lotería, gallos de pelea, gallinas ponedoras o «menjurjes» para la tos, ramas aromatizadas para atraer al amor ideal y «cerros» de basura que recoje a diario la Alcaldía para mantener limpio y accesible el sitio.
En medio del regateo, se ve de todo. Desde menores de edad ayudando en los puestos a sus padres y hasta perros que, nacidos entre tarantines, fungen como guardianes de los negocios más antiguos.
Es una experiencia sensorial completa, marcada por olores intensos y en ocasiones, condiciones sanitarias precarias donde cada esquina en la parte más desolada,el olor a orine y excremento obligan al visitante a ir preparado.
Entre la realidad y la ficción
Aqui la realidad supera a la ficción. En un solo recorrido puedes toparte con un joven que imita a la perfección a Michael Jackson para atraer clientes a su carnicería, una dama de compañía de 70 años que, al caer la noche del viernes, canta al estilo de Olga Guillot en los botiquines de la zona trasera del mercado o un viejo trobador que pasó la vida como vendedor y bajo los efectos del alcohol ahora interpreta boleros de Julio Jaramillo y Los Panchos con un sombrero en mano donde recibe un «pago».
Los vendedores y cambiadores de dinero en el área bautizada como “BCVpulga”, donde la moneda extranjera «juega marullo» sobre mesas improvisadas por quienes se dedican a esta actividad, llama la atención de los visitantes al ver que se confunden con los lectores de tarot y «médicos» populares que ofrecen remedios para la próstata o la potencia sexual.
En otro punto, están las banquetas y sillas de madera que invitan al visitante a disfrutar de un menú maracucho en pequeños comedores o mini restaurantes. De las cocinas improvisadas sales olores inconfundibles a pescado frito, sancocho, chivo en coco y asaduras
Al atardecer, el volumen de la música sube cerca de los puestos de licor. Allí, los comerciantes se transforman en imitadores de Juan Gabriel o Diomedes Díaz, dotando al caos de un aire bohemio y festivo.
«Pagá como vos queraís»
Las Pulgas es un mundo aparte también en lo económico. Durante nuestro recorrido el pasado miércoles 21 de enero, confirmamos que el mercado ignora las limitaciones de la banca formal. Aquí se maneja de todo: bolívares, dólares,euros, pesos colombianos, petros y tarjetas de débito.
El efectivo en bolívares, casi extinto como en el resto del país, sobrevive aquí en forma de «ofertas» condicionadas. Carteles en «puestos exclusivos» anuncian precios insuperables si se paga con billetes físicos.
Entre las jornadas que se improvisan están los barberos con cortes de cabello de moda y peluqueras ambulantes que peinan y hacen uña a su clientela y prácticamente hacen su vida en el mercado, mientras los costureros remiendan «ropa vieja» para darle una segunda oportunidad a pantalones, camisas y bragas a trabajadores.
Limpieza para el alma y el cuerpo
Para quienes buscan algo más que alimentos, existen puestos de artículos religiosos y esotéricos. En locales como la Perfumería Shango, se ofrece asesoría espiritual y limpiezas energéticas. Desde insumos naturales hasta recetas para la «prosperidad». Las Pulgas promete soluciones para lo terrenal y lo divino.
Quien recorre por primera vez estos callejones abarrotados, podría pensar que ha llegado al lugar donde la escasez no existe y donde los «cobres» finalmente rinden. Pero más allá de la economía, un día en Las Pulgas es, ante todo, un choque cultural que no se parece a nada.
Noticia al Día / Foto: Cortesía
Ropa nueva, de segunda mano, lo último en gomas, jeans,franelas,zapatos, carteras, bisutería y joyas, a menudo de marcas reconocidas se ofrecen en este sitio a distintos precios.
Se consiguen desde discos de vinilo, fotografías antiguas, monedas, relojes y objetos de decoración únicos, electrodomésticos, equipos de sonido, herramientas, y objetos para el hogar, libros usados, sin contar todo tipo de comida, desde carnes,verduras y frutas en cantidades industriales, junto a cigarrillos de todas las marcas y precios y licor desde los más finos hasta el «chirrinchi» guajiro.
«En Las Pulgas, ahí si hay», es un dicho de los maracuchos tienen y no dejan de tener razón. Ir a este centro comercial con una cámara es un acto de audacia. En este epicentro del comercio zuliano se capta de todo: es el lugar ideal para el hallazgo de objetos únicos, desde artículos de gran valor hasta «tesoros» de segunda mano y algo que no tiene control alguno, el hecho de que existen pasillos completos convertidos en farmacias ambulantes donde se venden medicamentos sin control traídos desde Colombia y otros países.
Los vendedores —mujeres, hombres, ancianos y niños, en su mayoría de la etnia wayúu— son parcos al explicar procedencias o calidades. Hablan poco con los compradores y prefieren el marketing del grito: “¡Mirá, dos por uno!”, “¡Aquí sí hay!”. Para los habitantes del Zulia uno de los estados más poblados de Venezuela, Las Pulgas es la solución inmediata ante la crisis; un corazón comercial que late con la cultura marabina más pura.
Entre agujas y carros
Es conocido por vender «lo inimaginable». Los comerciantes suelen sentenciar: “Aquí se vende desde una aguja de tejer hasta un carro». Si no lo conseguís aquí, es porque no existe”. Lo asegura el que ha pasado su vida en estos pasillos de «cabo a rabo».
Hicimos un recorrido por este emblemático sitio de la ciudad. Nuestra aventura comenzó a las seis y media de la mañana, hora en la que los buhoneros bordean el perímetro y los comerciantes establecidos levantan sus santamarías. Aqui se ofrece desde una mezcla de granos, café y aceite comestible, con billetes de lotería, gallos de pelea, gallinas ponedoras o «menjurjes» para la tos, ramas aromatizadas para atraer al amor ideal y «cerros» de basura que recoje a diario la alcaldía para ser más accesible al sitio.
En medio del regateo, se ven niños ayudando en los puestos a sus padres y perros que, nacidos entre tarantines, fungen como guardianes de los negocios más antiguos.
Es una experiencia sensorial completa, marcada por olores intensos y en ocasiones, condiciones sanitarias precarias donde cada esquina en la parte más desolada,el olor a orine y excremento obligan al visitante a ir preparado.
La realidad y ficción
Aqui la realidad supera a la ficción. En un solo recorrido puedes toparte con un joven que imita a la perfección a Michael Jackson para atraer clientes a su carnicería. Una dama de compañía de 70 años que, al caer la noche del viernes, canta al estilo de Olga Guillot en los botiquines de la zona trasera del mercado o un viejo trobador que pasó la vida como vendedor y bajo los efectos del alcohol ahora interpreta boleros de Julio Jaramillo y Los Panchos con un sombrero en mano donde recibe un «pago».
Los vendedores y cambiadores de divisas en el área bautizada como “BCVpulga”, donde la moneda extranjera «juega marullo» sobre mesas improvisadas por quienes se dedican a esta actividad llama la atención de los visitantes al ver que se confunden con los lectores de tarot y «médicos» populares que ofrecen remedios para la próstata o la potencia sexual.
En otro punto están las banquetas y sillas de madera que invitan al visitante a disfrutar de un menú maracucho en pequeños comedores o mini restaurantes. De las cocinas improvisadas sales olores inconfundibles a pescado frito, sancocho, chivo en coco y asaduras
Al atardecer, el volumen de la música sube cerca de los puestos de licor. Allí, los comerciantes se transforman en imitadores de Juan Gabriel o Diomedes Díaz, dotando al caos de un aire bohemio y festivo.
«Pagá como vos queráis»
Las Pulgas es un mundo aparte también en lo económico. Durante nuestro recorrido el pasado miércoles 21 de enero, confirmamos que el mercado ignora las limitaciones de la banca formal. Aquí se maneja de todo: bolívares, dólares, euros, pesos colombianos y tarjetas de débito.
El efectivo en bolívares, casi extinto como en el resto del país, sobrevive aquí en forma de «ofertas» condicionadas. Carteles en «puestos exclusivos» anuncian precios insuperables si se paga con billetes físicos.
Entre las jornadas que se improvisan están los barberos con cortes de cabello de moda y peluqueras ambulantes que peinan y hacen uña a su clientela y prácticamente hacen su vida en el mercado, mientras los costureros remiendan «ropa vieja» para darle una segunda oportunidad a pantalones, camisas y bragas a trabajadores.
Limpieza para el alma y el cuerpo
Para quienes buscan algo más que alimentos, existen puestos de artículos religiosos y esotéricos. En locales como la Perfumería Shango, se ofrece asesoría espiritual y limpiezas energéticas. Desde insumos naturales hasta recetas para la «prosperidad». Las Pulgas promete soluciones para lo terrenal y lo divino.
Quien recorre por primera vez estos callejones abarrotados, podría pensar que ha llegado al lugar donde la escasez no existe y donde los «cobres» finalmente rinden. Pero más allá de la economía, un día en Las Pulgas es, ante todo, un choque cultural que no se parece a nada.
Noticia al Día / Foto: Cortesía
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