Las reservas corresponden a las cantidades de mineral cuya extracción puede resultar económicamente viable bajo determinadas condiciones. El mismo documento estimaba recursos de aproximadamente 644 toneladas de oro, 14.680 millones de toneladas de mineral de hierro y 321,5 millones de toneladas de bauxita. Aunque el país posee importantes yacimientos de distintos minerales, la falta de datos confiables y actualizados dificulta establecer cuánto material existe realmente
El renovado interés internacional por el sector minero venezolano contrasta con la falta de información geológica actualizada y las inconsistencias en la clasificación de reservas y recursos, factores que dificultan establecer con precisión el potencial de explotación del país, según un análisis de Reuters.
Venezuela ha presentado en diferentes momentos estimaciones sobre sus reservas y recursos de oro, hierro, bauxita, carbón y níquel. Sin embargo, algunos documentos oficiales emplean ambos conceptos de manera indistinta, pese a que representan categorías diferentes dentro de la industria minera.
Las reservas corresponden a las cantidades de mineral cuya extracción puede resultar económicamente viable bajo determinadas condiciones, mientras que los recursos comprenden estimaciones más amplias sobre la existencia de minerales en una zona, aunque su explotación no necesariamente sea rentable.
Uno de los documentos citados por Reuters es un catálogo elaborado por el Gobierno en 2018 con el propósito de atraer inversiones. El informe calculaba unas 3.000 millones de toneladas métricas de reservas de carbón y cerca de 407.885 toneladas de níquel.
El mismo documento estimaba recursos de aproximadamente 644 toneladas de oro, 14.680 millones de toneladas de mineral de hierro y 321,5 millones de toneladas de bauxita. En el caso del hierro, el propio informe advertía que una proporción significativa de esa estimación tenía carácter especulativo.
En 2021, las autoridades también difundieron un mapa de reservas basado en información recopilada en 2009. El documento contemplaba minerales como antimonio, cobre, níquel, coltán, molibdeno, magnesio, plata, zinc, titanio, tungsteno y uranio, aunque no detallaba los volúmenes existentes.
Reuters señaló además que Venezuela no parece disponer de reservas significativas de tierras raras, un conjunto de 17 elementos utilizados en diversas industrias tecnológicas, entre ellas la fabricación de imanes empleados para convertir energía en movimiento.
Otra de las interrogantes está relacionada con el estado actual de las minas incluidas en el plan de expansión minera impulsado por el Gobierno de Nicolás Maduro desde 2019.
Aunque las autoridades aseguraron a finales de 2025 que la producción de oro, carbón y mineral de hierro había aumentado durante los primeros nueve meses de ese año, no ofrecieron cifras detalladas que permitieran dimensionar ese crecimiento.
El Estado mantiene un papel predominante en el sector. Venezuela nacionalizó la industria aurífera en 2011 y también controla la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), vinculada a actividades mineras y siderúrgicas.
En el caso del carbón, el país retomó la producción y llegó a plantearse exportar más de 10 millones de toneladas métricas durante 2025. Sin embargo, no existe claridad sobre si esa meta finalmente fue alcanzada.
Los datos más recientes disponibles del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) también reflejan una disminución de varias actividades mineras venezolanas.
En 2021, la producción de bauxita fue estimada en unas 250.000 toneladas, frente a las 550.000 toneladas registradas en 2017. Ese mismo año, la producción de mineral de hierro se ubicó en aproximadamente 1,41 millones de toneladas, mientras que la de oro rondó los 480 kilogramos.
La producción de alúmina también experimentó una caída considerable: pasó de unas 240.000 toneladas en 2017 a cerca de 80.000 toneladas en 2021.
El retroceso fue todavía mayor en el aluminio, cuya producción descendió de aproximadamente 144.000 toneladas a unas 20.000 toneladas durante el mismo período.
Para Reuters, este escenario pone de manifiesto una de las principales dificultades que enfrenta Venezuela para atraer inversiones y determinar el alcance real de su riqueza mineral: la ausencia de información geológica completa, reciente y técnicamente diferenciada entre recursos y reservas.
Aunque el país posee importantes yacimientos de distintos minerales, la falta de datos confiables y actualizados dificulta establecer cuánto material existe realmente, qué parte puede ser extraída y, sobre todo, qué proyectos podrían resultar económicamente viables.
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