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domingo, 12 de abril del 2026
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Investigador venezolano se afana en buscar la cura para el olvido

Nuestro cerebro es, sin exageración, la máquina más compleja conocida en el universo. Es tan increíble que puede edificar todo lo que piensa, ha sido capaz de concebir desde una rueda hasta naves para ir al Espacio.

Es tan diverso que tiene espacios aún en estudio para los neurólogos y científicos, laberintos que se esconden en la máquina más increíble que llevamos con nosotros, que a su vez es estan frágil que a veces sus rutas neuronales se dañan, con él no solo falla un órgano, se desdibuja la persona, deteriorándose poco a poco.

Entre las enfermedades más devastadoras están las neurodegenerativas, donde el olvido, el temblor o la rigidez borran recuerdos y voluntades.

Dos de ellas encabezan esta lucha:

  • Alzheimer: pérdida progresiva e irreversible de memoria, pensamiento y autonomía.
  • Parkinson: muerte de neuronas productoras de dopamina, que genera temblores, lentitud (bradicinesia) e inestabilidad.

Imaginemos que nuestro cerebro es una ciudad llena de carreteras por donde viajan mensajes entre neurona a neurona, que en este caso serían las células del cerebro y con la llegada de estas enfermedades se «tranca» la vía para comunicarse entre neurona a neurona.

Por suerte ambas tienen un enemigo molecular común en etapas tempranas: la caída de la acetilcolina, un neurotransmisor esencial para el aprendizaje, la memoria y el control motor.

El cuerpo intenta defenderse y curiosamente, en pacientes con Alzheimer sus niveles aumentan, como si el cerebro tratara de apagar el incendio con una manguera de baja presión. Pero sola no alcanza.

Estudiando esto, William Jacinto Vera Vegas, químico orgánico del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), perteneciente al Centro de Química Dr. Gabriel Chuchani, con 35 años de trayectoria lidera un proyecto que podría cambiar el tratamiento de estas dos enfermedades que afectan a millones de personas en el mundo.

La estrategia es clara: Inhibir a la célula destructora

El objetivo, bloquear temporalmente la acetilcolinesterasa, la enzima que degrada la acetilcolina. Si se logra, el mensajero dura más tiempo en el cerebro, mejorando la comunicación neuronal y, con ella, la memoria, el razonamiento y el control del movimiento.

Pero lo innovador no es solo la molécula, sino el método. Este proyecto de derivados del ácido quinurénico posee un alto potencial farmacológico para combatirlas.

¿Cómo lo hacen?

Con programas computacionales avanzados, realizan simulación de cómo se pegarían sus compuestos (los derivados del ácido quinurénico) a la enzima que destruye la acetilcolina. Es como probar llaves en una cerradura virtual. Solo eligen las llaves que encajen mejor, sean menos tóxicas y tengan menos efectos secundarios.

Luego, en el laboratorio, sintetizan (fabrican) esos compuestos ganadores y los prueban en animales.

Detrás de este trabajo hay tres décadas de colaboración con el Dr. Ajoy Kumar Banerjee, de quien escribimos en está columna y la convicción de científicos venezolanos que no han dejado de apostar en el país. Vera y su equipo desde el principio estaban empeñados en hacer una versión más potentes de ese escudo natural.

El ácido quinurénico no es solo una molécula: es un símbolo de que, incluso en la adversidad, el ingenio local puede ofrecer esperanzas que nos llenan de orgullo frente al olvido y el temblor. Gracias a científicos que no dejan de creer y crear en su tierra con materiales hechos aquí con amor, resistencia y resilencia Con sello venezolano.

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