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lunes, 21 de septiembre del 2026
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EL GATOPARDISMO por César Pérez Vivas

Desde que se publicó la célebre obra literaria El Gatopardo (1958), escrita por el noble siciliano Giuseppe Tomasi di Lampedusa, el transformismo político quedó develado como un cambio puramente aparente. No busca una transformación real de la estructura del poder; por el contrario, es una estrategia de supervivencia diseñada por quienes detentan el poder real para que este permanezca en las mismas manos.

Uno de los personajes principales de esta novela es Tancredi Falconeri, el sobrino predilecto del protagonista, el príncipe Don Fabrizio Corbera. Tancredi personifica el pragmatismo y el camaleonismo político: un joven aristócrata, inteligente y atrevido, que entiende perfectamente que el viejo mundo de su tío está muriendo y que debe adaptarse para sobrevivir. Esta idea se inmortaliza en la novela a través de su famosa frase: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».

En la actual situación de Venezuela, Jorge Rodríguez es el Tancredi de esta novela de dolor y pasión que padecemos los venezolanos. Jorge ha convencido a su hermana Delcy, a su socio Diosdado y a toda la «aristocracia roja rojita» de que es fundamental adecuarse a la nueva realidad surgida tras la captura del dictador Maduro. Su objetivo es sobrevivir en el poder y preservar las riquezas y privilegios acumulados en estos 27 años de revolución.

Esto explica el comportamiento de la cúpula que usurpa el poder. Han mutado de un discurso antiimperialista radical a actuar como sumisos funcionarios de la Casa Blanca. Han anunciado un proceso de supuesta liberalización de la sociedad sin desmontar el aparato represivo instalado bajo la orientación de los esbirros cubanos. Han dejado de ser, por ahora, partidarios de la estatización de la economía —es decir, de la concepción marxista— para aceptar políticas de apertura económica, con el único fin de preservar sus negocios a través de una larga lista de testaferros y operadores de su economía mafiosa. Asimismo, han aceptado sentarse con algunos actores de la oposición para aparentar que son partidarios del diálogo y así ganar tiempo en su afán por preservar el control.

La prueba más reveladora de esta estrategia de cambiarlo todo para que todo siga igual es el reciente anuncio de reforma a la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, donde modifican la composición del Comité de Postulaciones Judiciales. Ahora habrá 23 integrantes en lugar de 21. La nueva estructura contempla 11 diputados y 12 representantes de la sociedad civil, cuando antes eran 11 diputados y 10 ciudadanos. Sin embargo, los representantes de la sociedad civil no son designados por los ciudadanos; ambos grupos son elegidos por la plenaria de la Asamblea Nacional. Es decir, el Estado-PSUV jamás dejará de controlar ese comité. Cambiar para no cambiar. Cambiar para que todo siga igual y darle largas al proceso. Al final de la historia, veremos a los mismos detentores del poder controlando lo que siempre han controlado: todas las ramas del poder público.

Todo lo que vemos se inscribe en las ideas centrales de la novela de Lampedusa. En primer lugar, la conservación del poder: los dueños del orden establecido hacen concesiones superficiales solo para perpetuarse. En segundo lugar, el oportunismo de las élites: los personajes cambian de bandera política no por convicción ideológica, sino por conveniencia pragmática. Aquí, los usurpadores abandonan el socialismo por mero y simple cálculo político.

Como ocurre en la obra citada, este escenario genera el desencanto del pueblo. En la novela se muestra que, para las clases bajas siciliana, la transición política no trae ninguna mejora; los antiguos señores feudales simplemente se alían con los nuevos ricos, manteniendo la misma desigualdad bajo un nombre diferente.

En Venezuela pasa lo mismo. Nuestro pueblo se desencanta porque el «delcinato» no trae ningún beneficio para los sectores populares ni para la clase media; por el contrario, la gestión de este interinato agrava la situación del país cada día más.

De modo que ninguno de los anuncios de cambio hechos por la usurpación resuelve la tragedia que vivimos. Es fundamental para nuestra sociedad insistir en la denuncia de estos cambios gatopardianos en marcha. Cambiar para que todo siga igual es el objetivo del triunvirato en funciones de gobierno. La actuación de Jorge Rodríguez desde la mesa de negociación busca precisamente impulsar reformas que, en el fondo, nada cambian en la estructura del poder real.

El cambio verdadero solo llegará el día que extirpemos la estructura criminal construida durante casi tres décadas. Y eso solo es posible expulsando a la usurpación del Poder Ejecutivo. Nuestra postura es clara: queremos ese cambio por la vía pacífica, electoral y constitucional. Por ello, aceptamos la propuesta del gobierno de los Estados Unidos de celebrar elecciones libres para tener un gobierno legítimo. Esto significa cubrir la vacante de la Presidencia de la República mediante la convocatoria de elecciones presidenciales reales. Hacer comicios alternos para aparentar que estamos en democracia es continuar con el gatopardismo.

Hoy más que nunca exigimos un calendario electoral que defina con precisión el día de las elecciones presidenciales. Todo lo demás constituye gatopardismo, y eso no lo vamos a aceptar.
Caracas 21 de septiembre del 2026