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jueves, 02 de julio del 2026
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El baile de los rascacielos: La ciencia que explica por qué se mecen los edificios en un terremoto

Un terremoto no es un simple vaivén. Es una intrincada coreografía de ondas mecánicas que viajan por el subsuelo y se transfieren a las construcciones humanas. Tras los sismos e intensas réplicas que han sacudido diversas regiones del continente en las últimas semanas —como los recientes eventos telúricos reportados en el norte de Sudamérica— la población se pregunta con temor: ¿Cómo es posible que bloques de concreto de miles de toneladas se muevan como si fueran de papel?

Para entender este fenómeno, debemos dividir el problema en dos partes: el tipo de onda que golpea los cimientos y la respuesta física del edificio.

La anatomía del subsuelo: Las ondas que azotan la superficie

De acuerdo con el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS), los sismos liberan energía que se propaga en todas direcciones en forma de ondas sísmicas. El tipo de movimiento del suelo depende de qué onda esté pasando en cada segundo:

  • Ondas P (Primarias): Son ondas longitudinales compresivas. Mueven el suelo de adelante hacia atrás, en la misma dirección de la onda. «Son las más veloces y las primeras en llegar, pero usualmente causan daños menores porque el concreto tolera bien la compresión», explican los manuales de divulgación de la Incorporated Research Institutions for Seismology (IRIS).
  • Ondas S (Secundarias o de Corte): Estas ondas sacuden el suelo de forma perpendicular a su dirección de viaje (de lado a lado o de arriba a abajo). El Pacific Northwest Seismic Network (PNSN) advierte que las ondas S generan peligrosas fuerzas de cizallamiento (laterales). Las edificaciones antiguas están diseñadas principalmente para soportar la gravedad (fuerzas verticales), por lo que un empuje lateral severo suele ser fatal para ellas.
  • Ondas de Superficie (Love y Rayleigh): Son las últimas en llegar, pero las más destructivas. Las ondas Love mueven la tierra horizontalmente en un plano transversal, mientras que las Rayleigh generan un movimiento elíptico y rodante, similar a las olas del mar. Son las principales responsables de que los cimientos pierdan estabilidad.

¿Por qué se mecen los edificios? La inercia y la resonancia

Cuando el suelo se desplaza abruptamente hacia la izquierda, la parte superior del edificio tiende a quedarse en su sitio original debido a la inercia. Esto dobla la estructura. Un instante después, el edificio intenta recuperar su forma y se desplaza en dirección contraria, iniciando el balanceo.

Sin embargo, el peligro real no es solo el movimiento, sino un fenómeno físico llamado resonancia.

Un experimento clásico de laboratorio con una «mesa sísmica» demuestra que los sismos de alta frecuencia (vibraciones muy rápidas y cortas) afectan con severidad a los edificios bajos y rígidos. Por el contrario, los terremotos de baja frecuencia (ondas largas y lentas) hacen resonar y tambalear de forma dramática a los rascacielos más altos. Si la frecuencia del sismo coincide con la frecuencia natural del edificio, la estructura se hamacará cada vez más fuerte hasta romperse, a menos que cuente con disipadores de energía.

Voces expertas: ¿Por qué caen unas estructuras y otras no?

El debate sobre la vulnerabilidad estructural ha cobrado fuerza tras las evaluaciones independientes realizadas por organismos como el Instituto de Investigación de Sistemas Ambientales (ESRI) y proyecciones satelitales de la NASA sobre daños en infraestructuras latinoamericanas. Las opiniones de los especialistas coinciden en que un colapso rara vez se debe a una única variable.

En declaraciones recolectadas por BBC News Mundo, el geólogo Feliciano de Santis, presidente de la Sociedad Venezolana de Geólogos, enfatizó la complejidad técnica del asunto:

«Para que los edificios caigan puede haber más de 50 razones. Influyen de forma directa el impacto de las ondas, la cercanía a la zona donde se liberó la energía, el tipo de suelo y los fenómenos de resonancia en los edificios».

Por su parte, el ingeniero estructural Oscar Gutiérrez (@uningenieroenusa) subraya en sus canales de difusión que la ingeniería moderna ya no busca construir bloques rígidos inamovibles, sino estructuras capaces de flexibilizarse de manera inteligente. Según Gutiérrez, las diferencias críticas entre los edificios que soportan el sismo y los que colapsan radican en «la antigüedad de las edificaciones, la preocupante falta de mantenimiento institucional y, sobre todo, el incumplimiento estricto de las normas de construcción sismorresistente».

Asimismo, la especialista en construcción Darlys Arcia, en un análisis para Univision, destacó el impacto acumulativo de las réplicas. Arcia opina que las réplicas continuas fatigan los materiales de las construcciones que ya sufrieron daños invisibles durante el sismo principal, lo que incrementa el riesgo de colapsos tardíos si la población vuelve prematuramente a sus hogares.

Conclusión: Mecerse para sobrevivir

La opinión científica es unánime: un edificio que se mece no es un edificio defectuoso; al contrario, está disipando la energía del sismo. El verdadero peligro surge cuando el suelo es demasiado blando (amplificando las ondas), cuando la frecuencia del terremoto entra en sintonía destructiva con la altura del edificio o cuando la corrupción y la falta de supervisión ignoran las normativas de ingeniería. Ante un planeta tectónicamente activo, la inversión en ciencia, mantenimiento y fiscalización estricta de obras sigue siendo la única frontera real entre la vida y la tragedia.

Con recursos de internet

JC

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