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lunes, 13 de abril del 2026
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De 2,4 a 2.400: La brutal erosión del salario mínimo frente a la canasta alimentaria 

La economía venezolana en 2026 atraviesa una paradoja desconcertante. Mientras los comercios exhiben una oferta variada, el acceso a la canasta básica se consolidó por encima de los 550 dólares, lo que representa una meta inalcanzable para la mayoría. Esta brecha no es un simple dato estadístico, sino una crisis palpable en la que el ingreso promedio apenas logra costear la mitad de los nutrientes esenciales.

Con un incremento real del 35% en salud y servicios, el presupuesto de los hogares quedó reducido a un ejercicio de supervivencia que asfixia por igual a la clase media y a los sectores más desprotegidos; mientras tanto, la política de bonos indexados enfrenta su crisis definitiva.

La brecha entre ingresos y costos

Para el economista Manuel Sutherland, el costo de la vida se resume en una Canasta Alimentaria que ronda los 600 dólares, cifra que triplica el sueldo del sector público. Esta asimetría obliga a que, en una misma familia, deban trabajar varias personas solo para comer, realidad que explica por qué la migración continúa como la salida principal.

Según Sutherland, esta devastación deriva de una inflación anualizada cercana al 620%, alimentada por la emisión de dinero sin respaldo y políticas que desestimulan la producción nacional. Además, advierte que el flujo de divisas disminuyó, lo que limita la capacidad de maniobra del Estado.

Producción vs. Decretos: El camino a la recuperación

Desde la perspectiva de Oscar Meza, director del CENDAS-FVM, la solución no reside en decretos oficiales, sino en la generación de riqueza a través de un marco legal confiable e instituciones que protejan la inversión privada. Para Meza, solo la inversión logra reactivar el consumo y mejorar los sueldos, siempre que existan servicios básicos que funcionen. Sin datos oficiales claros sobre las cuentas nacionales, resulta casi imposible diseñar una política de remuneración que resulte sostenible y sea producto de un consenso social.

Un paralelismo histórico preocupante

La situación actual cobra una dimensión dramática cuando se compara con el pasado. Sutherland menciona que los alimentos subieron más del 40% en lo que va de año, sumado a un control de cambio velado que genera distorsiones.

Por su parte, Oscar Meza recuerda que hace tres décadas, con solo 2,4 sueldos mínimos se costeaba la comida de una familia. El contraste con el presente resulta devastador: hoy se requieren más de 2.400 salarios mínimos para cubrir esa misma necesidad, lo que refleja la erosión absoluta del poder de compra.

Conclusión: ¿Crecimiento o espejismo?

En última instancia, el progreso del país no puede medirse por el lujo de ciertos nichos, sino por la capacidad de compra del ciudadano común. Mientras la alimentación básica siga siendo una variable de ajuste, el crecimiento económico parecerá apenas un espejismo sobre cimientos frágiles.

El reto para Venezuela requiere reformas estructurales que transformen la supervivencia en dignidad. El tiempo de las soluciones paliativas parece agotado.

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