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jueves, 27 de agosto del 2026
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Análisis Bimonetarismo y libertad financiera: la vía a la estabilización monetaria en Venezuela

Aristimuño Herrera & Asociados señala que la dolarización plena no constituye el mecanismo idóneo ni óptimo para alcanzar una estabilización macroeconómica sólida, perdurable y orientada al crecimiento en Venezuela.

En el debate contemporáneo sobre el destino económico de Venezuela persiste una disyuntiva que suele plantearse en términos absolutos: la conveniencia de avanzar hacia una dolarización oficial plena frente a la insistencia en esquemas de desdolarización forzada.

En este contexto de opiniones encontradas sobre el futuro del sistema monetario nacional, la premisa técnica que sostenemos desde Aristimuño Herrera & Asociados es clara: la dolarización plena no constituye el mecanismo idóneo ni óptimo para alcanzar una estabilización macroeconómica sólida, perdurable y orientada al crecimiento.

Por el contrario, la evidencia y la estructura económica del país indican que el camino más eficiente y pragmático es la consolidación de un sistema bimonetario formal, transparente y plenamente funcional, donde convivan el bolívar y el dólar bajo reglas de mercado claras.

La fortaleza de un signo monetario no se impone por decreto ni se recupera restringiendo artificialmente la circulación de otras divisas.

Si la conducción económica aplica una política sana, erradica el financiamiento monetario del déficit y garantiza la estabilidad de precios, los agentes económicos demandarán más bolívares de forma natural; mientras tanto, el dólar debe continuar cumpliendo su rol como facilitador de liquidez, reserva de valor y medio de pago.

Banco Central de Venezuela incrementó intervención cambiaria en octubre.

La pérdida del rol del Banco Central como prestamista de última instancia, lo que incrementa la fragilidad del sistema financiero ante episodios de tensión o eventuales salidas de depósitos.

Las desventajas de la dolarización total

Adoptar el dólar como moneda única puede lucir a primera vista como un atajo atractivo para extinguir la inflación de raíz y anclar las expectativas. Sin embargo, este esquema introduce una rigidez institucional casi irreversible y traslada costos desproporcionados hacia el aparato productivo, especialmente en una economía con alta exposición a choques externos.

Al renunciar por completo a la soberanía monetaria y cambiaria, el país pierde la capacidad de amortiguar las fluctuaciones internacionales.

Para una nación cuyos ingresos dependen significativamente del mercado energético, una caída abrupta en los precios del petróleo bajo un esquema dolarizado se traduce inmediatamente en una severa contracción de la liquidez interna, lo que empuja a la economía hacia la recesión, el desabastecimiento y el ajuste traumático sobre el empleo y las remuneraciones reales.

Asimismo, la dolarización plena debilita los esfuerzos de diversificación de bienes transables no tradicionales, pues deja al aparato productivo indefenso ante apreciaciones del dólar o devaluaciones en los países competidores de la región.

A ello se suma la pérdida del rol del Banco Central como prestamista de última instancia, lo que incrementa la fragilidad del sistema financiero ante episodios de tensión o eventuales salidas de depósitos.

Tampoco garantiza, por sí sola, la disciplina fiscal, ya que ante la imposibilidad de imprimir moneda, los desbalances presupuestarios crónicos suelen derivar en sobreendeudamiento costoso o en la emisión precaria de instrumentos de deuda que terminan funcionando como cuasimonedas desvalorizadas.

Superar las fricciones

En contraste con las rigideces de la dolarización formal, las medidas orientadas a restringir coercitivamente el uso de divisas han demostrado generar fricciones indeseables sobre la actividad comercial y la sociedad en general.

La construcción de canales operativos para movilizar divisas —tales como la logística para el suministro de billetes en denominaciones adecuadas, la reactivación de corresponsalías y la normalización de circuitos financieros autorizados— no debe interpretarse como la antesala de la renuncia al bolívar.

Se trata, en realidad, de la infraestructura básica e indispensable para ordenar y transparentar una realidad transaccional que el mercado ya adoptó por necesidad.

#Análisis Bimonetarismo y libertad financiera: la vía a la estabilización monetaria en Venezuela

Resulta indispensable eliminar los sobrecostos e impuestos especiales que pechan las transacciones en moneda extranjera, incluso como estímulo económico para los sectores productivos.

Hacia un bimonetarismo transparente: Libertad, compensación y crédito

La alternativa sensata radica en abandonar las ambigüedades regulatorias y dotar al bimonetarismo de un marco de certidumbre institucional. Esto exige avanzar decididamente hacia la desregulación operativa y la integración de las divisas en el circuito bancario nacional a través de tres dimensiones fundamentales.

En primer lugar, resulta indispensable eliminar los sobrecostos e impuestos especiales que pechan las transacciones en moneda extranjera, incluso como estímulo económico para los sectores productivos.

Gravar las operaciones en divisas únicamente distorsiona la formación de precios, castiga al consumidor formal e incentiva el uso de mecanismos de pago opacos fuera del sistema bancario, lo que aloja la bancarización de esa liquidez en dólares.

En segundo lugar, es prioritario establecer una cámara de compensación y liquidación electrónica interbancaria en dólares dentro del sistema financiero nacional.

Facilitar que las transferencias entre clientes de distintas entidades e inclusive de la misma institución bancaria, se realicen en tiempo real y bajo plataformas seguras reduce drásticamente la dependencia del efectivo físico, abarata los costos operativos para las empresas y dinamiza el flujo de la cadena de suministros en todo el país, restándole presión al precio de la moneda.

En tercer lugar, la estabilización requiere reactivar de inmediato la intermediación crediticia en moneda extranjera.

En la actualidad, un volumen significativo de recursos, de más de 2.500 millones de dólares, permanece prácticamente inmovilizado en cuentas de libre convertibilidad. Permitir que la banca comercial canalice estos depósitos hacia préstamos comerciales, capital de trabajo y proyectos de inversión productiva, bajo normas macroprudenciales de calce y riesgo bien diseñadas, es un mecanismo muy potente para reactivar la capacidad instalada de la industria, el agro y el comercio nacional, lo que restaría igualmente presión al tipo de cambio.

Banco Central refuerza intervención cambiaria

Un sistema bimonetario formal, con plena libertad transaccional y capacidad de crédito bancario en divisas, ofrecería la estabilidad inmediata que requiere la economía.

La reconstrucción de la confianza

La experiencia internacional demuestra que diversas economías con un pasado de alta dolarización lograron abatir la inflación y reconstruir el valor de sus monedas locales sin necesidad de eliminar su signo nacional.

El éxito de estos procesos no descansó en prohibiciones ni en camisas de fuerza cambiarias, sino en la aplicación estricta de la disciplina fiscal, el cese definitivo de la monetización de déficits públicos y el fortalecimiento de la autonomía técnica del banco emisor.

Al mismo tiempo, los casos de dolarización registrados en décadas recientes muestran que esta decisión no blinda a las economías de los países frente a turbulencias, periodos de crisis y contracción económica, volatilidad ni dificultades para el crecimiento sostenido.

En un entorno caracterizado por precios estables, finanzas públicas ordenadas y libre convertibilidad, el bolívar recuperará gradualmente sus atributos como unidad de cuenta y reserva de valor por la propia conveniencia de los ciudadanos y las empresas.

Un sistema bimonetario formal, con plena libertad transaccional y capacidad de crédito bancario en divisas, ofrecería la estabilidad inmediata que requiere la economía y preservaría las herramientas de política económica necesarias para el desarrollo de largo plazo.

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