En el corazón del Jardín Botánico de Maracaibo, donde el susurro de la brisa se entrelaza con el canto de los pájaros, empezó el florecimiento, desde el viernes 21 de marzo, de los Curarires, como un abrazo entre el hombre y la naturaleza.
Estas flores, con su color amarillo vibrante y fragancia embriagadora, no solo adornan el paisaje, sino que también son un símbolo de unión, un motivo para que las manos de los visitantes se extiendan hacia la tierra, buscando el contacto con lo esencial.
Desde muy temprano, con entusiasmo y masivamente se concentraron en largas filas todos aquellos que accedieron al majestuoso jardín. Familias enteras compartieron un día único.
Experiencias
Algunos lo visitan por primera vez, como es el caso de Yohandry Hernández, quien compartió su experiencia con el equipo de Foco Informativo.
«Por primera vez vine al Jardín Botánico, donde estoy viviendo una gran experiencia (…) Me gusta, siento la gran conexión entre los humanos y la naturaleza», expresó con emoción.
Para otros es una suma de la tradición que siguen desde hace años atrás. Ejemplo de ello es Evelyn Benitez, quien desde San Francisco llegó a continuar con la costumbre que sigue desde hace cuatro años atrás y que esperan en cada ocasión con expectativa y alegría. «Es un evento espectacular que solo se da una vez al año (…) Estamos viendo la caída de las flores amarillas, estamos muy felices», dijo.
En este sentido, Yamileidys Soturno, desde La Concepción visitó por segunda ocasión el Jardín. «Ha sido todo muy bonito, esta vez es más la afluencia de las personas, tocó hacer la cola, pero aquí estamos disfrutando de la naturaleza y de ver los hermosos Curarires bañados en oro», narró.
Estrechando lazos
Los Curarires o como son llamados por la comunidad científica Tabebuia serratifolia, se trata de árboles que maravillan a los zulianos mostrando sus hermosas flores entre mayo abril, dependiendo del ciclo de lluvias
También se pueden apreciar en todo lo que es la carretera Lara- Zulia y la vía al Aeropuerto La Chinita. Pero sin dudas es el Jardín Botánico el lugar preferido de los visitantes para el disfrute de este importante hecho que atrae turistas nacionales e internacionales.
El jardín, un refugio de paz, se transformó en un punto de encuentro donde amantes de la botánica y curiosos se reunieron, ávidos de conocimiento y dispuestos a estrechar lazos con el entorno que los rodea.
Cada Curarire, en su esplendor, cuenta una historia de resiliencia, de vida que brota en medio del bullicio de la ciudad; invita a todos a detenerse, a observar y así conectarse con el latido de la naturaleza.
Los rostros iluminados por la curiosidad y la alegría reflejan el deseo profundo de restablecer esa conexión única. En cada paso por los senderos, cada mirada hacia las flores, se siente un llamado a preservar y valorar la riqueza natural que envuelve.
Así, entre el murmullo del agua y el crujir de las hojas, el florecer de los Curarires o también denominados “Guamachito” iluminó como un faro de esperanza y entendimiento, donde cada flor no solo es un deleite para los sentidos, sino un recordatorio de lo que puede surgir cuando se abraza con ternura al medio ambiente.
El Curarire, árbol que se encuentra en varias regiones de América Latina, incluyendo el estado Zulia. Crece en áreas de sabana y bosques secundarios, donde las condiciones del suelo y el clima son favorables para su desarrollo. Puede alcanzar entre cinco y diez metros de altura,
Es conocido por sus propiedades medicinales, se utiliza tradicionalmente en prácticas herbales, aunque no es una especie de gran tamaño para ser usada extensivamente en este último aspecto.
Texto y fotos: Yorgelis Labarca
Recuerda seguirnos en nuestra NUEVA CUENTA INSTAGRAM Y TIKTOK