La tensión había comenzado el lunes 3 de abril, cuando los vigías de la costa oriental avistaron una hilera interminable de mástiles: una flota de 65 embarcaciones, entre buques de guerra de alto calado y transportes, escoltando una maquinaria bélica sin precedentes. Fue una semana de incertidumbre y despliegue estratégico.
Un día como hoy de 1815, la historia de la independencia venezolana dio un giro dramático. Si bien la marea de la Expedición Pacificadora asomó en el horizonte días antes, fue un jueves 6 de abril cuando se consolidó la mayor operación militar que el Imperio Español enviaría jamás a suelo americano.
Del avistamiento a la ocupación total
La tensión había comenzado el lunes 3 de abril, cuando los vigías de la costa oriental avistaron una hilera interminable de mástiles: una flota de 65 embarcaciones, entre buques de guerra de alto calado y transportes, escoltando una maquinaria bélica sin precedentes. Fue una semana de incertidumbre y despliegue estratégico.
Finalmente, ese jueves 6 de abril, bajo el mando directo del General Pablo Morillo, comenzó el desembarco formal y la ocupación de Puerto Santo, cerca de Carúpano. Las cifras de los registros históricos permiten dimensionar hoy la magnitud del desafío que enfrentaron nuestros patriotas:
- Veteranos de Napoleón: De los barcos descendieron 10.612 soldados profesionales. No eran reclutas improvisados; eran hombres fogueados en las guerras europeas contra Napoleón, disciplinados, bien uniformados y armados con la tecnología bélica más avanzada de la época.
Cinco años de hierro y un abrazo final
Pablo Morillo no fue un visitante fugaz. Su bota militar marcó el ritmo de la guerra en Venezuela durante más de cinco años. Sin embargo, la historia nos regala una ironía poética: aquel general que llegó con más de diez mil bayonetas para aniquilar la rebelión, terminó reconociendo la hidalguía de su mayor enemigo.
Su estancia en el país concluyó el 17 de diciembre de 1820, cuando se embarcó en Puerto Cabello de regreso a España. Se fue, pero no sin antes protagonizar el histórico Abrazo de Santa Ana en Trujillo junto a Simón Bolívar, sellando los Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra que humanizaron la contienda.
Comentario del Cronista: Es fascinante observar cómo la fuerza bruta de 10.612 veteranos no pudo apagar la llama de un ideal. Morillo completó su desembarco un jueves para «pacificar» por el miedo y se marchó cinco años después reconociendo, en un abrazo, que la libertad de estas tierras era un destino manifiesto que ni el mejor ejército del mundo podía detener.
JC
Recuerda seguirnos en nuestra NUEVA CUENTA INSTAGRAM , TIKTOK Y WHATSAPP