Por segunda vez en menos de seis días, el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) sufrió una desconexión total, dejando a los más de 10 millones de habitantes de la isla sin suministro de energía. La crisis, agravada por la falta de combustible y el deterioro crítico de las termoeléctricas, mientras el Gobierno intenta sin éxito estabilizar una red que parece haber llegado a su límite operativo.
La crisis energética en Cuba ha alcanzado un punto de no retorno. La Unión Eléctrica (UNE) informó que el Sistema Eléctrico Nacional (SEN) sufrió una desconexión total este sábado, provocando un apagón general que afecta a todas las provincias del país, desde Pinar del Río hasta Guantánamo.
La causa principal de este nuevo descalabro, según fuentes oficiales, sigue siendo la combinación de dos factores críticos: La escasez de diésel y fueloil ha impedido que las centrales flotantes y los grupos electrógenos compensen la baja generación, y termoeléctricas clave, como la Antonio Guiteras de Matanzas, presentan fallas recurrentes debido a décadas de explotación sin el mantenimiento capital necesario.
El impacto de este nuevo apagón nacional es devastador para la vida cotidiana. Sin electricidad, el bombeo de agua se detiene, las comunicaciones se interrumpen y los alimentos en los pocos refrigeradores domésticos comienzan a descomponerse rápidamente.
Los expertos advierten que, mientras no haya una inversión masiva en tecnología y un suministro estable de combustible, los apagones nacionales seguirán siendo una constante en el paisaje cubano.
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