La noche del 17 de marzo de 2026 quedará grabada perpetuamente en el ADN del deporte venezolano. En un LoanDepot Park que rugió como una sucursal del Estadio Universitario o el José Bernardo Pérez, Venezuela se coronó campeona del Clásico Mundial de Béisbol al doblegar 3-2 a los Estados Unidos.
En medio del éxtasis de la que ya es considerada la hazaña más grande en la historia deportiva del país, una voz emergió con la claridad de quien entiende que el triunfo trasciende las líneas de cal: la de Eugenio Suárez.
El antesalista de Puerto Ordaz, pieza clave con su madero para impulsar la victoria de la selección dirigida por Omar López, atendió a los medios con la emoción a flor de piel. Para Suárez, el secreto del éxito no estuvo en las proyecciones de sabermetría, sino en algo mucho más humano: la cohesión del grupo.
Más que un equipo, una familia
«La clave fue la unión. Estamos juntos todo el tiempo. No somos solo compañeros, somos familia. Este equipo es increíble», afirmó el jugador que esta temporada defenderá los colores de los Rojos de Cincinnati en la MLB.
Suárez profundizó en el motor emocional que impulsó a cada pelotero a dejar el resto en el terreno: «Es por eso que jugamos con pasión, con amor porque sentimos la alegría. Sentimos a nuestro país enfrente de nosotros y hoy estamos celebrando con millones de personas allá afuera que les duele nuestro país. Es por eso que esto nos permite, como jugadores, como personas, como seres humanos, y como venezolanos, ser campeones».
El respaldo al estratega: «Omar López es un caballete»
Uno de los puntos más altos de sus declaraciones fue el reconocimiento directo a la gestión del mánager Omar López. El tercera base no dudó en poner en valor el liderazgo del estratega en un torneo de altísima presión.
«Omar López es un caballete, él hizo un gran trabajo después de tantas cosas que hemos pasado en el equipo», aseguró Suárez, validando la resiliencia del cuerpo técnico ante las adversidades del camino.
Fe y «pequeñas cosas» en el diamante
Para finalizar, el oriundo de Puerto Ordaz dio una lección de humildad y enfoque táctico. A pesar del cartel de estrellas del roster venezolano, Suárez destacó que la victoria se construyó detalle a detalle, sin perder nunca la fe.
«Dios ha sido muy bueno, lo he dicho toda mi vida. Como equipo nunca nos rendimos. Enfrentamos a muy buenos países, pero nosotros nunca nos dimos por vencidos y dimos lo mejor de nosotros en el terreno. Tratamos de ganar juegos haciendo las pequeñas cosas», concluyó el héroe de la jornada.
Venezuela celebra hoy un título mundial, pero sobre todo, celebra las palabras de un líder que recordó que, cuando se juega por un país que se siente «en frente», no hay rival invencible.
NAM
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