A seis años, la narrativa ha pasado del dolor de la pérdida a la celebración de su polifacética vida. Ganador de un Oscar, políglota, escritor y padre dedicado; Bryant estaba apenas comenzando su «segundo acto»

El 26 de enero de cada año ya no es un día cualquiera para el deporte mundial. Es el aniversario de un vacío que se siente igual de profundo que aquel domingo de 2020. Hoy se cumplen seis años desde que Kobe Bryant, su hija Gianna y otras siete personas perdieron la vida en un trágico accidente de helicóptero, dejando un vacío que el tiempo ha intentado llenar con homenajes, pero que la memoria mantiene intacto. Lo recordamos como un competidor incansable y un genio con el balón en las manos.
Kobe no solo dejó cinco anillos de la NBA y 33,643 puntos. Lo que realmente sobrevive es la «Mamba Mentality», esa filosofía de trabajo obsesivo que ha permeado en atletas de todas las disciplinas, desde el tenis hasta el fútbol europeo. Jugadores como Jayson Tatum o Devin Booker siguen citando a Bryant como su guía espiritual, llevando sus zapatillas y emulando ese tiro en suspensión que se convirtió en arte.
- 11 veces en el All-NBA First Team
- 2 veces en el Second Team
- 2 veces en el Third Team
- 9 veces en el All-Defensive First Team
- 3 veces en el Second Team defensivo
- MVP de la temporada regular en 2008
- MVP de las Finales en 2009 y 2010
- 4 veces MVP del All-Star Game
- Y desde su primer año, elegido para el All-Rookie Second Team
Quizás su legado más activo al momento de su muerte. Kobe se había convertido en el embajador principal de la WNBA, impulsado por el talento de Gigi. Hoy, el auge del básquet femenino es, en gran parte, fruto de la semilla que él ayudó a regar.
En las inmediaciones del Crypto.com Arena (el eterno Staples Center), las flores y los murales no han desaparecido. La ciudad de los Lakers sigue siendo un santuario viviente. La inauguración de sus estatuas frente al estadio el año pasado reafirmó que, aunque el 8 y el 24 ya no suban al marcador, su presencia es la columna vertebral de la franquicia.
A seis años, la narrativa ha pasado del dolor de la pérdida a la celebración de su polifacética vida. Ganador de un Oscar, políglota, escritor y padre dedicado; Bryant estaba apenas comenzando su «segundo acto». Su ausencia nos recuerda que la grandeza no es un destino, sino un proceso de mejora implacable. Kobe Bryant no se fue del todo; se quedó en cada joven que lanza un balón a una canasta imaginaria gritando su nombre antes de que suene la chicharra. Seis años después, el mundo sigue respondiendo: Mamba Forever.
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