Un análisis del polémico acuerdo entre la administración Trump y el oligarca venezolano Alejandro Betancourt revela términos que favorecen a EE. UU. y ocultan el impacto en Venezuela. Las implicaciones de este pacto podrían ser devastadoras para el país.
En agosto de 2023, Donald Trump proclamó lo que catalogó como “el mayor acuerdo petrolero de la historia del mundo”, otorgando a EE. UU. un acceso sin precedentes a las reservas petroleras de Venezuela. Sin embargo, el texto completo del acuerdo se ha convertido en un secreto muy bien guardado en Washington, D.C., y ProPublica ha logrado obtener una copia del mismo.
Este acuerdo de 18 páginas, firmado por el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Defensa Pete Hegseth, revela un diseño meticuloso que favorece los intereses estadounidenses en cada rincón, dejando de lado el bienestar del pueblo venezolano. La figura de Alejandro Betancourt, un oligarca con investigaciones por lavado de dinero en varios países, ha generado una ola de críticas por su elección como socio.
La administración Trump adquirirá un 35% de participación en la firma de Betancourt, North American Blue Energy Partners (NABEP), mediante la compra de acciones en una empresa matriz registrada en Barbados. Sin embargo, el acuerdo carece de transparencia sobre los verdaderos propietarios detrás de esta compañía, que podrían beneficiarse enormemente del pacto.
El acuerdo también garantiza la permanencia de Betancourt como director ejecutivo de NABEP y establece que el gobierno estadounidense colaborará con la empresa matriz para nombrar un consejo de siete miembros que regirá la empresa durante un plazo inicial de 15 años. Esta estructura ha sido diseñada para proteger el acuerdo de cualquier intento de desmantelamiento por parte de futuros líderes estadounidenses o venezolanos.
A pesar de las promesas de beneficios económicos, el texto del acuerdo contradice las afirmaciones de Trump sobre la seguridad energética de EE. UU. en el próximo siglo. Los derechos de compra de petróleo por parte de EE. UU. caducan en la mitad de ese tiempo, y no hay garantías de que Betancourt pague los 200 mil millones de dólares en regalías y pagos de impuestos que el gobierno estadounidense ha asegurado que beneficiarían a Venezuela.
El acuerdo otorga a EE. UU. el derecho de comprar el 20% del petróleo de NABEP a un precio por debajo del mercado, pero no considera los altos costos de transporte y procesamiento del crudo venezolano, que requiere ser mezclado con otros productos para fluir adecuadamente por los oleoductos. La Casa Blanca y el Pentágono defienden el acuerdo como un paso hacia la estabilización de la economía venezolana, pero la falta de garantías y la opacidad en los beneficios plantean serias dudas.
El exembajador de EE. UU. en Caracas, James Story, advierte que la primera pregunta en un nuevo Congreso será: “¿Por qué Betancourt?” Las relaciones entre la administración Trump y este oligarca, que enfrenta múltiples investigaciones, son motivo de preocupación para muchos, especialmente si los demócratas obtienen el control del Congreso en las próximas elecciones.
Delcy Rodríguez, quien fue respaldada por Trump como presidenta interina de Venezuela, ha calificado el acuerdo como “histórico”, asegurando que el país mantendrá la soberanía sobre sus recursos naturales. Sin embargo, la realidad que se perfila es la de un pacto que podría perpetuar la corrupción y el abuso de poder en un país que ya sufre las consecuencias de años de mala gestión.
La complejidad y el secretismo que rodean este acuerdo muestran que la alianza entre EE. UU. y el ahora barón energético Alejandro Betancourt podría no traer los beneficios esperados para ninguna de las partes, dejando en el aire las verdaderas intenciones detrás de este pacto.
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