Darren Woods, CEO de ExxonMobil, calificó a Venezuela como “no invertible” en su estado actual, debido a la inestabilidad política y la deteriorada infraestructura. Ejecutivos de Chevron y ConocoPhillips mostraron cautela similar y evitaron compromisos firmes durante la discusión
El presidente estadounidense, Donald Trump, sostuvo una reunión clave este viernes en la Casa Blanca con ejecutivos de más de una docena de compañías petroleras estadounidenses y multinacionales. El encuentro se centró en los planes de Washington para “reconstruir” la industria petrolera de Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro.
Trump afirmó que las empresas invertirán al menos 100 mil millones de dólares en la infraestructura energética venezolana, con la promesa de protección total por parte del gobierno estadounidense.
La reunión, que duró varias horas y contó con la presencia de figuras como el secretario de Estado, Marco Rubio, y el vicepresidente, JD Vance, representó un paso concreto en la estrategia de la administración Trump para explotar las vastas reservas petroleras de Venezuela.
El presidente destacó que Estados Unidos recibirá inmediatamente hasta 50 millones de barriles de crudo venezolano para refinar y vender, lo que podría contribuir a reducir los precios de la energía en el mercado global.
“Las compañías petroleras reconstruirán toda la infraestructura petrolera. Invertirán al menos 100 mil millones de dólares”, declaró Trump durante el evento, al que asistieron representantes de 17 empresas, entre ellas Chevron, ExxonMobil, ConocoPhillips, Continental Resources, Halliburton, Valero, Marathon, Shell, Trafigura, Vitol Americas, Repsol, Eni, Aspect Holdings, Tallgrass, Raisa Energy y Hilcorp.
En el encuentro, los representantes de las compañías petroleras expresaron opiniones mixtas sobre la viabilidad de los planes. Algunos directivos manifestaron serias reservas ante la posibilidad de comprometer inversiones masivas en Venezuela, en un contexto de alta incertidumbre política. Recordaron con claridad las cuantiosas pérdidas que sufrieron cuando Hugo Chávez nacionalizó el sector hace casi dos décadas.
Darren Woods, CEO de ExxonMobil, calificó a Venezuela como “no invertible” en su estado actual, debido a la inestabilidad política y la deteriorada infraestructura. Woods enfatizó la necesidad de reformas profundas antes de comprometer fondos significativos, aunque reconoció el potencial de las reservas venezolanas.
Ejecutivos de Chevron y ConocoPhillips mostraron cautela similar y evitaron compromisos firmes durante la discusión. Otras firmas, como Shell y Marathon, expresaron interés en expandir la extracción en cientos de miles de barriles diarios, siempre y cuando Washington garantice seguridad física para personal y equipos, así como un marco jurídico estable que evite nuevas expropiaciones.
La industria recordó las expropiaciones masivas impulsadas por Chávez entre 2007 y 2011, que afectaron a compañías como ExxonMobil, ConocoPhillips y Chevron, y generaron litigios internacionales por miles de millones de dólares en compensaciones no pagadas.
Trump no dudó en afirmar que ahora las petroleras se entenderían directamente con él y no con las autoridades venezolanas.
Un representante de Chevron, en una intervención destacada, actualizó sobre operaciones en terreno y señaló que, con aprobaciones adecuadas, la producción podría aumentar en los próximos 12 a 18 meses, pero sin detallar cifras específicas de inversión.
Por su parte, el consejero delegado de la española Repsol, Josu Jon Imaz, dijo que la empresa está preparada para “invertir con fuerza en Venezuela” y para multiplicar por tres su producción de crudo en el país, hasta aproximadamente los 135 mil barriles diarios.
“Estamos listos para invertir más en Venezuela. Hoy producimos 45 mil barriles diarios, en total, y estamos listos para triplicar esta cifra en los próximos tres años, invirtiendo con fuerza en el país”, dijo Imaz en la reunión.
Imaz aseguró: “Estamos en Venezuela, señor presidente, con nuestros socios de Eni, produciendo el gas que garantiza la estabilidad de la mitad del suministro eléctrico en Venezuela”, que consideró las operaciones de Repsol como una muestra del compromiso de la petrolera para con la “estabilidad” que propugna el Gobierno Trump.
“Además, estamos presentes en el terreno. Tenemos personal, instalaciones y capacidades técnicas”, concluyó el directivo, quien también es expresidente del Partido Nacionalista Vasco (PNV).
Otros participantes, como los de Shell y Marathon, indicaron interés en expandir la producción venezolana por cientos de miles de barriles diarios, pero condicionaron su participación a garantías de seguridad y control por parte de Estados Unidos.
Trump, por su parte, aseguró que él decidirá personalmente qué compañías podrán operar en Venezuela y prometió “seguridad total” para las inversiones, sin requerir fondos gubernamentales.
Esta posición generó escepticismo entre algunos analistas, quienes señalaron que las empresas prefieren enfoques graduales ante los riesgos persistentes. En cuanto a las expectativas para Venezuela, la administración Trump prevé una transformación radical de su sector energético.
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