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sábado, 11 de abril del 2026
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El retorno de la democracia en Venezuela nunca fue prioridad para Trump

María Alexandra Semprún, experta en marketing y comunicación política, sostiene que al líder republicano lo mueve el interés económico y geopolítico sobre nuestro país. “Si actúa y declara desafiando la Constitución americana, qué se puede esperar que haga con la de Venezuela”, expresa. Según Pablo Aure, secretario  de la Universidad de Carabobo, el fanatismo político ciega a un importante sector de la sociedad: “El motor de Washington es la geopolítica económica y no la caridad”. Efraín Rincón, especialista en Comunicación y Estrategia Política, cree que la sociedad civil debe empujar al mandatario estadounidense hacia la vía electoral.

Sin necesidad de mirar ninguna encuesta, unas dos semanas después de la madrugada del 3 de enero, con la captura y extracción de Nicolás Maduro, en el marco de la Operación Resolución ejecutada por el gobierno de los Estados Unidos, el nivel de popularidad de Donald Trump en Venezuela, estaba por las nubes. La inmensa mayoría lo veía con agradecimiento y admiración por llevar a una corte de Nueva York al hijo político de Hugo Chávez y su esposa, Cilia Flores.

Pero a medida que pasaron las semanas y ya a poco más de tres meses, la aceptación se convierte en desconfianza para muchos. ¿La razón? La estructura anclada en Miraflores en los últimos 25 años, aún se mantiene en el poder –más allá de algunos cambios en las líneas operativas de mando en el mundo ejecutivo y militar y cientos de excarcelaciones de presos políticos-.

Una muestra concreta de este sentimiento la leemos en el resultado de la encuesta Altas Intel / Bloomberg de febrero que ubicaba a Marcos Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, como el político más popular de Venezuela con 57 % y a Trump lo situaba en un nada menospreciable tercer lugar, con 54 %. Sin embargo, un mes después, el mismo sondeo reveló que la imagen del exsenador de origen cubano perdía 10 puntos y la del flemático jefe de Estado republicano, bajaba otros 5. La euforia alimentada por la posibilidad de cambios políticos se desinfla.

Pese a ello, públicamente, el pasado lunes, en rueda de prensa desde la Casa Blanca, Trump se pavoneó sobre su tutelaje en Venezuela: “Dicen que si me presentara a presidente de Venezuela sería el candidato con más votos de la historia de Venezuela. Así que cuando termine con esto (la guerra en Irán), puedo ir a Venezuela”, expresó con su acostumbrada arrogancia.

El mandatario hizo estas declaraciones para comparar la situación actual de Venezuela respecto con la actitud del gobierno iraní en la actual guerra en Oriente Medio. Los actuales dirigentes en Teherán, en sus palabras, son “fanáticos”, en comparación con quienes relevaron a Maduro en el poder.

Vice President Delcy Rodriguez attends her swearing in ceremony as Venezuela’s interim president at the National Assembly in Caracas on Jan. 5, 2026.

Otros intereses

Cada vez que puede, Trump elogia a Delcy Rodríguez y María Alexandra Semprún, magíster y doctorante en Ciencias Políticas, experta en marketing y comunicación política, tiene clarísima la razón: le conviene que esté en el poder porque se ha mostrado flexible en los temas en los que más interés tiene la Casa Blanca.

Al referirse al tema de su popularidad, sostiene la figura del Jefe de Estado en dos extremos que siempre suelen agitarse o revolverse por su discurso. “Es un problema, pero a su vez una ventaja”, afirma y recuerda que el mandatario estadounidense expresa lo que cree sin trabas.

“Eso, por un lado, le hace ganar popularidad, pero por el otro, desata iras, porque su lenguaje lejos de ser diplomático es egocéntrico. Muy de hacer saber que él tiene el poder y que su capacidad de decidir es casi absoluta, aunque sabemos que tanto en Estados Unidos como en nuestro país, como en cualquier mesa de trabajo, hay reglas que cumplir. ¿Por qué lo hace? Su propósito es generar titulares, hacerse viral”, resalta la profesora de Ciencias Políticas de la Universidad Rafael Urdaneta.

Para Semprún, quienes piensen que Trump extrajo a Maduro y a Cilia Flores para rescatar la democracia en Venezuela se equivocan. Prevalece el interés geopolítico y económico. Lo sucedido en el Estrecho de Ormuz y el rol de Venezuela en el tablero petrolero forma parte de ese paquete por el que se la jugó con la operación militar. Por ello, no se debe esperar que haga valer los derechos establecidos en la Constitución Nacional, en el marco del tutelaje.

Trump actúa y declara desafiando la Constitución americana, qué se puede esperar que haga con la de Venezuela”, expresa. “No ha demostrado siquiera que le importa la democracia en su país, cómo esperar que le interese la nuestra”, añade.

Y recuerda que, la ocasión en la cual la continuidad democrática ha estado en mayor riesgo de sucumbir o interrumpir su línea de sucesión constitucional en los más de 230 años de democracia en los Estados Unidos, que data del siglo XVIII, de 1788, fue durante el asalto al Capitolio, registrado el 6 de enero de 2021 por una turba de sus partidarios, dos meses después de su derrota en las elecciones presidenciales de 2020. Desde el gobierno se encargó de resguardar a los responsables.

Para la académica, hay básicamente dos razones en este momento que hacen que Trump gane o pierda popularidad en EEUU: inflación y el patriotismo, vinculado con que Estados Unidos, tradicionalmente ha sido el ganador de guerras, una de las más simbólicas, la “Guerra fría”, en la que la nación prevaleció y al final la Unión Soviética se atomizó. “Entonces el fanático de esa personalidad agresiva, compra su discurso. Fíjate lo último. Amenazar con acabar una civilización”, detalla. Eso a cualquier le generaría un costo altísimo”.

Bajo ese concepto, Trump, en el marco de lo que va de su periodo, cumplió con el cierre de la frontera y las deportaciones a migrantes que prometió. “Eso al americano más tradicional le gusta”, sostiene. Pero, por otro lado, en el aspecto económico, la guerra y otros frentes abiertos en su gobierno, desembocan en una inflación elevada y el precio de la gasolina también en cotas altas. Y en ese escenario, cruzado con las elecciones en el Congreso, es el que buscarían en Miraflores para intentar librarse del lazo con que Trump aprieta a Delcy Rodríguez.

Un hombre pasa frente un mural con la bandera de Venezuela y un extractor de petróleo

El motor de Washington no es la caridad

Para Pablo Aure, magíster en Ciencias Penales y Criminalísticas y secretario de la Universidad de Carabobo, pocas personas hablan claro sobre lo que está sucediendo entre Washington y Venezuela y ello deriva en la creación de falsas expectativas.

“Lo voy a decir sin filtros, Trump está actuando estrictamente de acuerdo con los intereses económicos de Estados Unidos. Esto no es una crítica, es una realidad geopolítica. En esa ecuación no existe la filantropía”, reflexiona.

Aure dice estar claro en que es normal que cada nación vele por sus intereses y asegura que, aunque algunos puntos de esos intereses coincidan con nuestros deseos de cambio, creer que el fin último de Washington es nuestra felicidad es algo muy distinto.

Por ello llama a no tenerle fe ciega a cada movimiento que viene de los Estados Unidos para el restablecimiento de la democracia en Venezuela, pues considera que es un riesgo demasiado elevado después de 25 años de un régimen que destruyó el aparato productivo e hizo migrar forzadamente a más de 10 millones de venezolanos.

Insisto. El motor de Washington es la geopolítica económica y no la caridad. Hay fanáticos que se molestan con este tipo de observaciones y reflexiones, pareciera que cuestionar la estrategia es no querer que el país mejore, y no es así, ¡por Dios! Nada más lejos de la realidad. Digo lo que pienso”, señala en un análisis en la red social X.

El abogado, reconocido por su verbo directo, pregunta: “¿Es mentira que los Estados Unidos tomaron el control de nuestros ingresos económicos? ¿Principalmente del sector petrolero y del sector minero? Existe una asfixia financiera real, sin embargo, a pesar de las presiones económicas, en las instituciones internas no hay señales de apertura. No hemos visto demostraciones reales de que se esté abriendo la compuerta a personas que no estén identificadas con el sistema actual”.

De acuerdo con Aure el control político interno sigue cerrado, mientras que el control económico externo se aprieta. “Ahora, nuestros asuntos internos, ¿quién los gobierna? ¿Y cómo lo hace? Son al final del día, nuestro problema, no el de los Estados Unidos. Es hora de analizar el escenario con cabeza fría y menos pasión ideológica”.

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Entrecruzar las dos visiones

Según Efraín Rincón, especialista en Comunicación y Estrategia Política, pese a que Trump y los funcionarios que forman parte del tutelaje de la Casa Blanca en Venezuela hacen énfasis, en sus palabras, en la normalización, estabilización y transición de Venezuela como carta de navegación, en la realidad, hay dos visiones del país que necesitan entrecruzarse en el corto o mediano plazo.

Hay una visión del presidente Trump que privilegia la situación económica en Venezuela y que es, en este momento para los Estados Unidos, un buen negocio, básicamente por el petróleo y por todos los minerales que ya empiezan a explotarse como es el caso del oro. Eso es una visión. La otra visión para los venezolanos, es que con el 3 de enero se inicia una etapa que nos acerca más a la democracia y eso significa profundizar la vía electoral a través de una competencia institucional, equitativa, respetuosa de los actores políticos que al final la opción que resulte victoriosa represente fielmente la soberanía popular”, argumenta el profesor de la Universidad del Zulia.

Para Rincón, esas dos visiones pueden encontrarse, pero la realidad es que, en este momento, Washington privilegia la visión económica de estas nuevas relaciones entre ambos países, y gran parte de la población, que aún no percibe en sus bolsillos las bondades de las inversiones y leyes modificadas, siente que es momento de una verdadera transición política. Y Trump, en este momento concreto, no la contempla.

El politólogo, sin embargo, deja claro que en el marco de esa mirada interna no solamente basta con tener expectativas. Cree, con firmeza, que los sectores democráticos opositores, deben recoger sus intereses, parcelas e intereses partidistas y ponerlas a la orden del progreso y de la democracia del país. “En eso estamos. Es una situación compleja, pero creo que vale la pena hacer los esfuerzos para alcanzar ese objetivo de la libertad para Venezuela”.

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