El mercado tradicional de artículos de colección sufrió una caída del 3,3 % el último año, pero la oferta paleontológica de huesos de dinosaurio se ha convertido en el nuevo objeto de deseo para grandes fortunas.
Durante décadas, el símbolo definitivo de estatus para los multimillonarios era poseer una obra de arte exclusiva, un reloj de edición limitada o una botella de vino antiguo.
Sin embargo, los tiempos cambian y los objetos de deseo también.
Hoy en día, las grandes fortunas desvían su atención de los cuadros tradicionales hacia una categoría mucho más antigua y colosal: los huesos de dinosaurio.
Mientras los mercados clásicos de lujo se enfrían, la paleontología se ha convertido en la nueva y extravagante frontera para los coleccionistas de élite que buscan el trofeo definitivo para sus mansiones.
Las subastas rubrican el cambio
Los números respaldan este inusual cambio de intereses en el mundo de las subastas.
El mercado tradicional de artículos de colección sufrió una caída del 3,3 % el último año. El arte clásico y contemporáneo ha sido el gran perdedor, con un desplome del 18% en su valor, mientras
que el vino de colección y el whisky retrocedieron un 9%.
En medio de este panorama donde los activos tradicionales pierden su brillo habitual, las casas de subastas han encontrado en los esqueletos prehistóricos un espectáculo capaz de revivir el entusiasmo -y las chequeras- de los compradores más adinerados, al ofrecer piezas que son verdaderamente únicas e irrepetibles.

Poseer un fósil de dinosaurio ofrece algo que trasciende la simple rentabilidad: una exclusividad extrema y un factor de asombro que el arte contemporáneo, por ahora, no logra igualar.
La razón detrás de esta transformación tiene mucho que ver con la matemática pura y el «costo de oportunidad».
En un escenario económico con altas tasas de interés, donde los inversionistas pueden obtener rendimientos seguros del 5 % en el banco, sumado a la liquidez y la fuerza de los mercados financieros, inmovilizar millones en un cuadro resulta mucho menos atractivo.
Sin embargo, poseer un fósil de dinosaurio ofrece algo que trasciende la simple rentabilidad: una exclusividad extrema y un factor de asombro que el arte contemporáneo, por ahora, no logra igualar ante los ojos de los ultrarricos.
Este fenómeno también va de la mano con un cambio drástico en cómo se mueve el dinero en las altas esferas.
Las grandes casas de subastas en crisis
Las grandes firmas como Sotheby’s, Christie’s y Phillips han visto caer sus ventas públicas de arte tradicional. Por miedo a que sus obras maestras no alcancen el precio mínimo y queden «quemadas» o devaluadas a la vista de todos en internet, los vendedores se refugian en discretas ventas privadas a puerta cerrada.
Por el contrario, las subastas de esqueletos de dinosaurios están logrando exactamente lo opuesto: se han convertido en grandes eventos mediáticos, al demostrar que los millonarios todavía están dispuestos a pujar bajo la presión del escrutinio público, siempre y cuando el premio sea un gigante prehistórico.
Al final del día, el mercado de las élites se está dividiendo en dos realidades muy distintas: el secretismo absoluto para proteger el valor financiero de los lienzos y los relojes, frente a las pujas espectaculares por llevarse a casa un pedazo de historia natural, tal como lo detalla un reporte de CNBC al analizar las cambiantes prioridades de los inversores de lujo.
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