Imagínate que vas caminando por la calle, haciendo tu trabajo de siempre, y de repente terminas metido en los libros de historia para toda la eternidad. Eso fue exactamente lo que le pasó a William Taynton, un joven repartidor de oficina que, sin buscarlo, se convirtió en el primer ser humano en aparecer en la televisión el 2 de octubre de 1925.
El cerebro detrás de todo esto era John Logie Baird, un inventor escocés que estaba obsesionado con transmitir imágenes en movimiento a través de cables. Baird ya había logrado transmitir la silueta de una marioneta llamada «Stooky Bill», pero necesitaba un humano de carne y hueso para probar su nuevo invento en su laboratorio de Londres.
¿Y a quién se encontró a la mano? Al pobre William.
Baird le ofreció unos chelines para que se sentara frente a su aparato, pero la experiencia no fue precisamente un día de campo. Para que la cámara de la época captara algo, William tuvo que quedarse completamente inmóvil frente a luces comerciales cegadoras y un calor insoportable que emanaba del invento. De hecho, el calor era tan bestial que el repartidor se asustó y se echó hacia atrás, arruinando la toma.
Baird tuvo que sobornarlo con un par de monedas más para que volviera a sentarse. El sacrificio valió la pena: en la habitación de al lado, la cara de William Taynton apareció en la pantalla, un poco borrosa pero perfectamente reconocible. La televisión humana había nacido.
Así que la próxima vez que te quejes por una mala videollamada de Zoom o porque la luz de la pantalla te molesta, acuérdate de William Taynton, el tipo que aguantó un calor infernal solo para que hoy podamos ver nuestras series favoritas.
noticialdia
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