La presidenta peruana advirtió ante la Asamblea General que las organizaciones criminales representan una amenaza para la democracia y pidió fortalecer la respuesta regional
La presidenta de Perú, Keiko Fujimori, llevó este martes ante la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, su preocupación por el avance de la delincuencia y el crimen organizado transnacional, al que identificó como el principal desafío de su administración.
Durante su intervención, Fujimori planteó la necesidad de que estas estructuras sean consideradas grupos terroristas, al sostener que su actividad representa una amenaza directa para las instituciones democráticas y la seguridad de los ciudadanos.
La mandataria explicó que, aunque América Latina no atraviesa actualmente una guerra entre Estados, sí enfrenta una confrontación distinta. A su juicio, las organizaciones criminales han iniciado una guerra que opera sin fronteras y sin respetar las reglas internacionales.
«El enemigo no tiene uniforme, se esconde entre la gente», afirmó Fujimori, quien advirtió además que frente a estos grupos no existe una posibilidad real de rendición ni de establecer acuerdos de paz.
Entre las actividades vinculadas a estas organizaciones mencionó el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, la trata de personas, la extorsión y los asesinatos, además del creciente poder de fuego que han logrado acumular.
Por ello, insistió en la importancia de «determinar y definir al enemigo» para establecer un marco que permita a las Fuerzas Armadas responder ante estas amenazas bajo una legislación clara.
Fujimori también destacó la participación de Perú en el compromiso regional de Santiago y su incorporación al Escudo de las Américas, iniciativas que presentó como parte de la cooperación con otros países de la región frente al crimen organizado.
«Vamos a perseguir el crimen desde el hombre que ejecuta hasta el entramado que lo sostiene», aseguró la presidenta peruana.
Durante su discurso, Fujimori vinculó esta postura con la experiencia de Perú frente al terrorismo. Recordó la ofensiva desarrollada durante el gobierno de su padre, Alberto Fujimori, entre 1990 y 2000, y señaló que integrantes de las fuerzas que participaron en esa lucha todavía enfrentan procesos judiciales por presuntas violaciones al debido proceso.
La intervención de la presidenta peruana ante la ONU se centró así en la necesidad de reforzar la cooperación internacional y dotar a los Estados de herramientas para enfrentar a organizaciones criminales que, según advirtió, han ampliado su capacidad de acción y representan un desafío que trasciende las fronteras nacionales.
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