El característico “ronquido” de algunas motocicletas se ha convertido en una de las principales fuentes de contaminación sónica en las calles del Zulia. Se trata, en muchos casos, de motos cuyos sistemas de escape han sido modificados con resonadores, tubos o dispositivos destinados a producir un sonido más fuerte y grave que el original.
La situación ha llevado al Cuerpo de Policía Bolivariana del estado Zulia (Cpbez) a desplegar operativos para sacar de circulación motocicletas que incumplen las normas y combatir la contaminación sónica.
Los procedimientos se han extendido por diferentes municipios zulianos, donde los funcionarios han retenido motos cuyos escapes fueron modificados para generar niveles elevados de ruido, además de actuar contra otras conductas que afectan la seguridad vial.
Pero el Zulia no es el único lugar de Venezuela donde las autoridades han decidido actuar.
En Barinas, organismos de seguridad realizaron una jornada de inutilización de 391 resonadores y tubos de escape modificados, dispositivos que habían sido incautados durante procedimientos contra la contaminación sónica.
La medida muestra hasta dónde ha llegado la preocupación por estos mecanismos, utilizados para alterar el sonido de las motocicletas.
Un problema que también enfrenta el mundo
La regulación de los escapes ruidosos no es una particularidad venezolana. En distintos países existen normas que establecen límites al ruido de las motocicletas y sancionan las modificaciones que hacen que un vehículo supere los niveles permitidos.
En Estados Unidos, la normativa federal prohíbe modificar el sistema de escape de una motocicleta de manera que esta supere los estándares de ruido establecidos. La regulación contempla específicamente modificaciones como retirar o perforar elementos del silenciador o los baffles.
En Reino Unido, modificar el escape para hacer que una motocicleta sea más ruidosa después de su homologación también está prohibido. Además, durante la inspección técnica, un sistema de escape excesivamente ruidoso puede provocar que la motocicleta sea considerada defectuosa.
En la Unión Europea, las motocicletas están sometidas a normas de homologación acústica. El sistema de escape forma parte de los elementos sometidos a control, por lo que una modificación que haga que el vehículo deje de cumplir los niveles establecidos puede convertirse en una infracción.
Mientras tanto, Australia mantiene controles específicos sobre los sistemas de escape. En Nueva Gales del Sur, por ejemplo, las autoridades sancionan determinadas modificaciones destinadas a incrementar el ruido y establecen límites concretos para las motocicletas.
El principio es similar en todos estos lugares: no se prohíbe que una motocicleta tenga un sonido particular, sino que se controla que las modificaciones del escape no eleven el ruido por encima de los niveles autorizados.
Cuando el ruido deja de ser “parte de la moto”
El debate llega entonces a las calles zulianas, donde el sonido de estas motocicletas puede escucharse a cualquier hora y, en algunos casos, a varias cuadras de distancia.
Para quienes utilizan estos dispositivos, el cambio puede significar simplemente conseguir un sonido más grave o potente. Para quienes están en sus viviendas, establecimientos comerciales o transitando por las calles, el efecto es muy diferente: un estruendo que irrumpe en la tranquilidad y se convierte en contaminación sónica.
El Cpbez ha incrementado las acciones contra estas prácticas y otros cuerpos policiales del país han tomado medidas similares. Sin embargo, los decomisos y operativos no han conseguido hacer desaparecer el problema.
Los “ronquidos” continúan formando parte del paisaje sonoro de Maracaibo y otras ciudades del estado.
La experiencia de países como Estados Unidos, Reino Unido y Australia demuestra que el control de este fenómeno no depende únicamente de retirar los dispositivos de las calles. También requiere inspecciones, límites de decibeles, sanciones y controles sobre las modificaciones que alteran los sistemas de escape.
Porque mientras para algunos el rugido de una moto puede ser motivo de orgullo, para el vecino que intenta descansar, para el niño que duerme o para quien simplemente busca tranquilidad, puede convertirse en un ruido que nadie pidió escuchar.
Y en buena parte del mundo, cuando ese “ronquido” supera los límites establecidos, la ley tampoco está dispuesta a escucharlo.
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