Aplastada bajo los escombros, con el rostro lleno de tierra, Cristina Margarita Ramos dejó testimonio del buen humor con el que enfrentaba la vida. “Qué pena con usted que ando con este patuque en la cara”, le decía a uno de los bomberos que intentaba sacarla de entre las paredes de su casa, tras los terremotos del 24 de junio. “Usted lo que está es bonita, y esas uñas me encantan”, le respondió el rescatista. Las bromas por el piropo, en circunstancias tan inusuales, se propagaron en pleno rescate. “Ya la vamos a sacar, mi seño. Confíe en nosotros”, agregaba el bombero. Lo primero que Cristina, de 71 años, logró sacar fue una mano de uñas largas y perfectamente arregladas. Pensionada, apasionada al karaoke, costurera y madre de dos hijos migrantes en Estados Unidos, que siguieron su rescate desde la distancia con desesperación, y ahora buscan su cuerpo: confirmaron que murió luego de ser llevada a un hospital.
Se necesitaron 20 horas para sacarla de los escombros de su casa en Playa Grande, tiempo en el que Cristina se convirtió en “la señora de las uñas bonitas”. La conversación con su rescatista se hizo viral en las primeras horas del desastre, entre cientos de videos de devastación. Ese día sacaron primero a su esposo, Jesús Enrique Magallanes, con ayuda de Cristina. Ella estaba lúcida, hablaba con claridad y repetía que era fuerte, pese a su edad, su enfermedad renal y el carcinoma en la cara que le habían diagnosticado poco antes. La familia tiene grabaciones de Cristina saliendo en camilla de la casa en ruinas, entrando a la ambulancia y llegando al Hospital Naval de La Guaira —a donde también habían llevado a su esposo—, donde ya no supieron más de ella.
Después de 37 días de incertidumbre, un amargo hallazgo redireccionó la búsqueda que por semanas hicieron en hospitales, refugios y morgues. Los hermanos de Cristina lograron identificarla en los álbumes de cuerpos que centenares de familias revisan a diario en tablets, en Los Silos de La Guaira —los depósitos del segundo puerto comercial de Venezuela, convertidos en galpón forense por la emergencia—. En las visitas previas no había aparecido ningún rostro familiar. Hace unos días la reconocieron por las verrugas de la cara, las uñas bonitas y la ropa que llevaba puesta: mono, camiseta y medias. Volvieron sobre las imágenes para confirmarlo. Aunque hay un registro fotográfico forense, el cuerpo de Cristina no aparece.

El caso de Cristina no es el único que evidencia la descoordinación de las primeras horas del desastre y el manejo deficiente de los cuerpos, algo que ha prolongado el sufrimiento de muchas familias y viola los estándares de derechos humanos. “Mi mamá y yo chateábamos varias veces al día. Sé todos los detalles de su vida: cómo estaba vestida, qué había comido, cómo se sentía. El primer mensaje que enviaba cada día era para ella”, cuenta por teléfono su hija Crisnel Mata, de 52 años, que no para de republicar recuerdos cotidianos con su madre. En sus últimos videos ha emplazado al fiscal general Larry Devoe y al director de la policía científica, Douglas Rico, a responder por la desaparición del cuerpo de Cristina. “Tenemos derecho a dignificar la memoria de nuestros familiares. Esto ya no es solo negligencia, es falta de profesionalismo y de empatía. Es muy duro no saber qué pasó, cómo murió”, reclama la mujer, que tiene la vida paralizada hace más de un mes. “Estos días han sido como estar en una montaña rusa de la que no sé cómo bajarme”.
La ONG Comité de Familiares de Víctimas del Caracazo (Cofavic) ha advertido sobre el manejo de las muertes masivas en el desastre. Con experiencia en episodios como el estallido social del Caracazo y el deslave de La Guaira, ambos de 1999, la organización señala la falta de transparencia en el proceso actual. El Gobierno no ha reportado cifras de desaparecidos ni ha informado sobre el procedimiento a seguir en estos casos, en los que los cuerpos se han extraviado. Al cumplirse un mes del terremoto, dejaron de publicar la cifra de muertes; este lunes la actualizaron a 6.125, más de 500 fallecidos más desde el último balance del 24 de julio. El reporte, que ahora será semanal, sigue sin desglosar las víctimas por sexo o edad, ha suprimido el número de personas en refugios y ha incorporado el de toneladas de escombros recogidas.
“En este tipo de desastre es muy importante que haya transparencia, que la información sea confiable”, señala la abogada y defensora de derechos humanos Liliana Ortega, directora de Cofavic. “No hay información pública confiable que dé certeza a la gente de que existen garantías de competencia técnica, de que se preserva la cadena de custodia de los restos, de que hay información respetuosa, oportuna y comprensible. Es necesario desarrollar un plan de exhumaciones con una hoja de ruta clara. No se pueden repetir los errores del pasado”.
La creación de un banco genético —con datos premortem y posmortem— y una lista oficial de personas desaparecidas son medidas clave que la especialista señala como urgentes. “La carga de responsabilidad de la identificación no puede quedar únicamente en lo visual y en manos de los sobrevivientes. El país no tiene capacidad para abordar esto solo; por eso la ayuda humanitaria también debe incluir apoyo técnico internacional. Un caso erróneo disparará una desconfianza enorme. Esto es fundamental para que el cierre del duelo sea digno y confiable. La recuperación y la identificación no son un trámite: son una obligación de derechos humanos que el Estado tiene que cumplir”.
Las alertas sobre el extravío de cuerpos en la morgue ya circulan entre las familias. Entre quienes acuden a la identificación en Los Silos se ha corrido la recomendación de ir acompañado de alguien que pueda quedarse junto al cuerpo, una vez encontrado, mientras se hacen los trámites administrativos.
Ortega insiste en que la extracción de los cuerpos bajo los escombros debe estar en manos técnicas, no en las de la propia gente, como ha ocurrido. La maquinaria pesada que ha entrado a las torres desplomadas debería estar guiada por antropólogos forenses. La semana pasada comenzaron las demoliciones controladas de inmuebles. La defensora señala que debería haber topógrafos y geógrafos documentando en terreno el sitio donde estaba cada cuerpo, con fotografías de la vestimenta y la estructura donde fue hallado, que permitan individualizar los restos de cada víctima. “Lo primero que no debió hacerse es la cremación inmediata de cuerpos”, añade.
“Cada hallazgo debe registrarse mediante coordenadas de GPS, mapas, fotografías antes, durante y después, descripción anatómica, profundidad, posición del cuerpo, objetos asociados y muestras biológicas”, especifica la organización en un comunicado en el que advierte que deben cumplirse las normativas internacionales de gestión de cadáveres en desastres naturales. “Esto tiene que tratarse desde el punto de vista humanitario: hay jurisprudencia en el sistema interamericano y una serie de estándares internacionales que cumplir. Porque así como vemos las grietas profundas en los edificios, así están en la gente. Esos duelos no son fáciles de cerrar si no se conoce la verdad de lo ocurrido”, añade Ortega.
Crisnel y su familia todavía buscan esa verdad. “Tiene que haber un porqué, un levantamiento del cuerpo, un registro del traslado de un hospital a otro. Tiene que aparecer el cuerpo de mi madre. ¿Por qué tanto silencio?”, se pregunta la hija, que ha amplificado la desesperación de la familia en sus redes sociales. Semana a semana, desde el 24 de junio, ha recorrido un laberinto de desinformación. Las autoridades del centro de salud al que los rescatistas llevaron a Cristina negaron que hubiera estado ahí. También negaron que su padrastro hubiera sido internado, aunque fue trasladado a otra institución para recibir diálisis. Más de un mes después de la tragedia, el hombre se recupera en casa, con una pierna todavía inflamada y sin respuestas sobre Cristina. “Nos costó darle la noticia, pero hablando con él estos días me contó que, cuando los dos estaban bajo los escombros, mi mamá le decía que se quedara quieto, que cuando salieran se irían de vacaciones a Margarita”, cuenta Crisnel. Por eso dice que en el video viral de la señora de las uñas bonitas, su madre dejó la esencia de su personalidad. “Ese video es mi mamá”.
Alberto News
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