Cuarenta años después de la histórica y mítica tarde en el Estadio Azteca de México 1986, las selecciones de Argentina e Inglaterra se volverán a ver las caras este miércoles en Atlanta para disputar la segunda semifinal de la Copa del Mundo 2026. El ganador del compromiso obtendrá el boleto para medirse ante España, que ya espera pacientemente en la gran final tras superar con solvencia a Francia.
Aunque el seleccionador argentino Lionel Scaloni ha intentado rebajar la tensión catalogando el cruce como «un partido más», la atmósfera que rodea el encuentro trasciende lo estrictamente deportivo.
En el horizonte de este clásico de alta tensión vuelven a confluir el recuerdo de las Malvinas, la genialidad irreverente de Diego Armando Maradona con su ‘Mano de Dios’ y el ‘Gol del Siglo’, y la eterna rivalidad entre ambas naciones.
El choque presenta un escenario renovado pero cargado de simbolismos. Lionel Messi asumirá el rol de heredero absoluto de la mística albiceleste sobre el césped, mientras que figuras inglesas de la talla de Jude Bellingham y Harry Kane buscarán la ansiada reivindicación británica.
Treinta y seis años después de haber sido testigo directo de la gesta de Maradona en 1986, el periodista Rafael Ramos rememora el impacto de aquel momento que hoy vuelve a latir con fuerza en la víspera de una nueva batalla futbolística. Argentina e Inglaterra no juegan solo por un pase a la final; juegan por el orgullo, la historia y la memoria de un fútbol que no olvida a sus héroes.
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