Tras ser saqueada durante la emergencia causada por los terremotos, una sede de Farmatodo fue transformada en un centro de apoyo para voluntarios y personal médico de distintos estados del país, convirtiéndose en un símbolo de solidaridad en medio de la tragedia
En medio del dolor, los edificios colapsados y las interminables jornadas de búsqueda y rescate que dejaron los terremotos en La Guaira, un establecimiento comercial que había sido víctima de los saqueos encontró una nueva razón para abrir sus puertas: convertirse en un punto de apoyo para quienes luchaban por salvar vidas.
Una de las sedes de Farmatodo, fundada a finales de diciembre del año 2023, ubicado en la Av. La Playa de la parroquia Caraballeda del estado La Guaira, fue severamente afectada tras los actos de vandalismo ocurridos en los primeros días de la emergencia, fue acondicionada por la gerencia de la empresa y un amplio grupo de voluntarios para funcionar como un centro de acopio y asistencia destinado exclusivamente al personal que participaba en las labores de rescate.



Hasta ese lugar llegaban rescatistas, médicos, paramédicos y voluntarios provenientes de diferentes regiones del país, entre ellas Zulia, Guárico, Miranda, Apure, Táchira y otros estados, luego de extensas jornadas entre escombros, polvo y calor.
El espacio no estaba destinado para dormir. Su propósito era brindar un breve respiro a quienes pasaban horas trabajando sin descanso. Allí podían tomar pausas de aproximadamente 30 minutos para recuperar energías, hidratarse, alimentarse y cargar sus teléfonos antes de regresar nuevamente a las zonas de búsqueda.

Entre quienes utilizaron este centro de apoyo estuvo un grupo de 18 voluntarios provenientes del estado Zulia, que viajó hasta La Guaira para colaborar en las labores humanitarias. Como ellos, decenas de equipos encontraron en este lugar un punto seguro para continuar una misión que exigía un enorme esfuerzo físico y emocional.

Uno de los aspectos más destacados fue la labor de la gerencia de Farmatodo, que, pese a haber sufrido el saqueo de sus dos establecimientos en La Guaira, decidió apostar por la solidaridad. Lejos de abandonar las instalaciones, coordinó junto a voluntarios la adecuación del espacio y suministró alimentos de manera gratuita para quienes diariamente enfrentaban el riesgo y el desgaste de las operaciones de rescate.
Médicos de distintas entidades del país también hicieron de este lugar una especie de hospital improvisado. Allí atendían lesiones menores, estabilizaban a voluntarios afectados por el agotamiento y prestaban asistencia primaria antes de que regresaran al terreno.
En una tragedia marcada por la destrucción y la pérdida, aquel Farmatodo dejó de ser una farmacia para convertirse en un símbolo de cooperación. Entre estanterías vacías y un edificio golpeado por la emergencia, se levantó un espacio donde la solidaridad demostró que, incluso después del saqueo, siempre es posible reconstruir la esperanza.
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