La llegada del jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos a Venezuela desata interpretaciones que van mucho más allá de la cooperación militar. Para Jesús Romero, experto en temas militares, el nivel de interlocución entre Washington y Venezuela está cambiando. Según Antonio de La Cruz, EE.UU. pasó de observador a actor directo en el proceso venezolano. A Eva Golinger, abogada y escritora estadounidense cercana a Hugo Chávez, la presencia del general, clave en la captura de Maduro, responde a un viraje en la mirada de Trump sobre Miraflores
La visita del general Dan Caine a Caracas pone a Venezuela nuevamente en el centro de las discusiones geopolíticas del hemisferio.
No se trata únicamente de la presencia de la máxima autoridad militar estadounidense en territorio venezolano. El viaje ocurre pocos días después de la llegada del general Francis Donovan, jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, y se suma a una serie de movimientos que Washington ejecuta desde comienzos de año.
Para Jesús Romero, experto en geopolítica militar y exoficial de inteligencia naval de Estados Unidos, el dato más relevante no es la reunión en sí, sino quién la protagoniza.
La visita del presidente del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos a Venezuela no es una visita rutinaria de coordinación militar”, asegura sobre uno de los jefes militares clave en la captura y extracción de Nicolás Maduro.
Romero recuerda que el jefe del Estado Mayor Conjunto es el principal asesor militar de Trump y del Secretario de Defensa, una posición alejada de las coordinaciones operativas habituales con fuerzas armadas extranjeras.
Más importante aún, esta visita ocurre apenas días después de la llegada a Caracas del comandante del Comando Sur, quien también sostuvo reuniones con representantes del régimen venezolano”, añade.
A partir de esa secuencia, el especialista formula una conclusión que ha resonado en círculos políticos y militares.
“Cuando primero viaja el comandante de Southcom y posteriormente el principal asesor militar del Presidente de los Estados Unidos, estamos observando un nivel de interlocución estratégica que va mucho más allá de una simple coordinación militar”.
Romero considera que el debate público en torno de este movimiento se enfoca en la pregunta equivocada.
La pregunta no es quién se reunió con quién. La pregunta es: ¿qué asunto de interés estratégico para Washington requirió la presencia consecutiva de los dos oficiales militares más importantes involucrados en el hemisferio occidental?”.
La interrogante adquiere mayor relevancia tras el mensaje difundido por la oficina del propio Caine durante su visita. El comunicado destacó “la importancia de la estabilidad de Venezuela, la seguridad compartida en todo el hemisferio occidental y el compromiso de la Fuerza Conjunta de garantizar la implementación del plan de tres fases” impulsado por el presidente estadounidense.
¿Golpe en la mesa?
Para Antonio de la Cruz, especialista en economía y petróleo y presidente de Inter American Trends, esa última frase es la verdadera noticia.
La frase más importante del comunicado no fue estabilidad. No fue democracia. No fue prosperidad. Fue esta: ‘Compromiso para garantizar la implementación del plan de tres fases‘”.
Según el analista, esa formulación implica un cambio profundo en la posición estadounidense frente a Venezuela:
“Eso significa que Washington ya no observa el proceso. Participa en él”, rescata.
De la Cruz sostiene que Venezuela dejó de ser percibida exclusivamente como una crisis política nacional. “Durante años, Venezuela fue presentada como un problema interno. Ahora es definida como un asunto de seguridad hemisférica. La diferencia es enorme”, refiere.
Y agrega una advertencia que considera determinante para entender el momento actual:
“Cuando algo entra en la categoría de seguridad nacional estadounidense, cambian las reglas del juego”.
Su análisis también apunta hacia los centros de poder dentro del país.
“El verdadero mensaje no iba dirigido a la opinión pública. Iba dirigido a los centros de poder. A los cuarteles, a las estructuras económicas y a quienes administran los recursos estratégicos del país”.
La lectura de De la Cruz trasciende incluso las fronteras venezolanas.
“También es un mensaje para Pekín, Moscú, La Habana y Teherán. Venezuela vuelve a ser considerada parte del perímetro estratégico occidental”.
Desde una posición ideológica radicalmente distinta surge una advertencia que coincide en la importancia del momento.
Eva Golinger, abogada estadounidense, escritora y una de las figuras internacionales más cercanas al expresidente Hugo Chávez durante años, reaccionó con un mensaje breve pero contundente en la red social X:
“Trump está enviando la caballería a Caracas. Estos no son solo visitas simples. Algo se está tramando”.
Las tres voces representan corrientes de pensamiento muy diferentes. Sin embargo, convergen en una misma conclusión: la llegada de Dan Caine no parece responder a una agenda protocolar.
Cinco meses después de que Washington iniciara una nueva etapa de su política hacia Venezuela, la presencia consecutiva del jefe del Comando Sur y del principal asesor militar del presidente estadounidense sugiere que algo más profundo se está moviendo detrás de las puertas cerradas del poder.
La pregunta planteada por Romero sigue sin respuesta pública. Quizás por eso se ha convertido en la más incómoda de todas: ¿Qué asunto de interés estratégico llevó a Washington a enviar a Caracas a dos de sus máximos jefes militares en menos de dos semanas?
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