El fallecimiento de Jorge Mario Bergoglio no solo cerró un capítulo de la historia, sino que abrió un complejo periodo de reflexión para la cristiandad
Las campanas de la Basílica de San Pedro redoblan este martes 21 de abril con un matiz solemne al cumplirse el primer aniversario del fallecimiento del Papa Francisco. Doce meses después de aquel fatídico día en que la Santa Sede entró en Sede Vacante, el legado del «Papa de las periferias» continúa siendo el eje central de la agenda geopolítica y espiritual del Vaticano.
Desde las primeras horas de la mañana, miles de fieles se congregarán en la Basílica de Santa María la Mayor, donde descansan sus restos, para rendir homenaje al hombre que rompió los moldes para vestir la piel de un «pastor con olor a oveja».

El fallecimiento de Jorge Mario Bergoglio no solo cerró un capítulo de la historia, sino que abrió un complejo periodo de reflexión para la cristiandad.
Recordando los días de incertidumbre tras su deceso, los cronistas vaticanos destacan la Sede Vacante del año pasado como una de las más introspectivas de la era moderna.
«Francisco no nos dejó un manual de instrucciones, nos dejó un estilo de ser Iglesia», comentó el Cardenal Pietro Parolin durante la misa conmemorativa de esta mañana. «Este primer año sin él ha sido de aprendizaje: la Iglesia ha tenido que aprender a caminar con sus propios pies sobre el terreno que él preparó».
La figura de Francisco, a un año de su muerte, se percibe hoy menos como un gobernante y más como un referente moral que, incluso en el silencio de la tumba, sigue marcando el pulso de una Iglesia que busca no perder el rumbo hacia las periferias que él tanto amó.
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