Treinta años después, el comercial sigue haciendo lo que hizo en los 90: quedarse en la cabeza de la gente
El viejo comercial de Toddy de 1994 volvió a aparecer, como suelen reaparecer esas cosas que la memoria colectiva nunca termina de guardar del todo. Esta vez no fue en un bloque de comerciales de la televisión venezolana, sino en TikTok, donde el video empezó a rodar otra vez con fuerza, empujado por la nostalgia y por esa costumbre de internet de convertir cualquier recuerdo en tendencia.
El anuncio dura apenas medio minuto, pero tiene una escena que muchos venezolanos todavía recuerdan con nostalgia. Un muchacho con la gorra ladeada sorprende a su abuela por detrás mientras ella arregla unas flores en el jardín. La abraza y ella, al voltearse, le responde con cariño. Al verlo con la gorra volteada, le pregunta si está “enamorado”. El chico, con picardía, le responde: “No, abuela… la moda”.
A partir de ahí viene la parte clásica del comercial: la leche, el chocolate, el movimiento de la cuchara y la promesa de sabor y vitaminas. Pero lo que realmente quedó en la memoria fue el diálogo, esa manera tan natural de hablar que terminó colándose en el lenguaje cotidiano de muchos. Ahora, tres décadas después, el audio del comercial volvió a circular en TikTok y miles de usuarios lo están usando para recrear la escena con sus propios abuelos. El resultado: millones de reproducciones.
Pero la historia del comercial siempre tuvo un detalle que alimentó una leyenda urbana durante años. En una de las tomas, al fondo del plano, aparece por un instante lo que parece ser una niña asomándose detrás de una pared. Durante mucho tiempo se dijo que era “un fantasma” que se había colado en la grabación, una de esas historias que se repetían de boca en boca cuando alguien volvía a ver el video.
La explicación, sin embargo, es bastante más simple. Según la versión que vuelve a circular ahora en redes, la niña era en realidad la hija de los dueños de la casa donde se grabó el comercial, en San Román, que terminó apareciendo en el plano por un descuido durante la grabación o la edición.
Treinta años después, el comercial sigue haciendo lo que hizo en los 90: quedarse en la cabeza de la gente. Solo que ahora no se transmite por televisión, sino que vive en la memoria digital de una generación que descubrió que aquel diálogo entre un nieto fastidioso y su abuela todavía “lleva chance” para volver a ponerse de moda.
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