A pesar de que el agua puede parecer fresca y no mostrar signos evidentes de contaminación, los expertos advierten que el sabor, olor o apariencia no siempre son indicadores de su seguridad
El agua de coco ha sido popularmente asociada con los beneficios naturales y saludables, pero recientes estudios han puesto en alerta sobre riesgos poco conocidos al consumirla directamente desde el fruto.
Un caso fatal ocurrido en Dinamarca, donde un hombre de 69 años falleció tras beber agua de coco contaminada con una toxina fúngica, ha resaltado los peligros ocultos de esta bebida aparentemente inofensiva. La toxina causó vómitos, alteraciones neurológicas y una rápida falla multiorgánica, en menos de 26 horas.
El problema radica en que, tras la cosecha, el coco deja de ser estéril, y si se almacena en condiciones cálidas y húmedas, como en algunos climas tropicales, puede contaminarse con hongos y bacterias que no son visibles a simple vista. A pesar de que el agua puede parecer fresca y no mostrar signos evidentes de contaminación, los expertos advierten que el sabor, olor o apariencia no siempre son indicadores de su seguridad.
Ante estos riesgos, los especialistas recomiendan consumir agua de coco que haya sido procesada y almacenada adecuadamente, preferiblemente en condiciones refrigeradas. Además, es fundamental evitar ingerirla directamente del fruto, ya que las prácticas de almacenamiento inadecuado pueden hacer que incluso la bebida más fresca contenga patógenos peligrosos.
Las precauciones adicionales incluyen la preferencia por agua de coco embotellada o envasada para reducir el riesgo de exposición a contaminantes invisibles.
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