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domingo, 11 de enero del 2026
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Un estudio revela que el ejercicio puede ser tan eficaz como la terapia para aliviar los síntomas de la depresión en adultos

Según una revisión de ensayos con casi 5.000 participantes, la mejora es similar a la que se observa con otras estrategias convencionales

El ejercicio físico puede reducir los síntomas de la depresión en adultos hasta un nivel similar al alcanzado con la terapia psicológica y los fármacos antidepresivos. Así lo muestra una revisión científica elaborada por la organización Cochrane que consideró cerca de 5.000 casos incluidos en 73 ensayos clínicos aleatorizados. Aunque los hallazgos apoyan la actividad física como alternativa válida, los expertos destacan limitaciones en la certeza y durabilidad de los resultados.

“Nuestros hallazgos sugieren que el ejercicio parece ser una opción segura y accesible para ayudar a manejar los síntomas de la depresión”, afirmó en un comunicado el autor principal Andrew Clegg, doctor en Filosofía por la Universidad de Central Lancashire, Preston, Reino Unido.

“Esto sugiere que el ejercicio funciona bien para algunas personas, pero no para todas, y es importante encontrar enfoques que los individuos estén dispuestos y sean capaces de mantener”, agregó.

Los ensayos revisados identificaron una reducción moderada de los síntomas depresivos en quienes realizaron actividad física, si se los compara con personas sin intervención o bajo tratamientos de control. Este beneficio fue equiparable al alcanzado mediante terapia psicológica y fármacos antidepresivos. En comparaciones directas, la diferencia al final del tratamiento fue mínima o nula entre estas opciones.

La revisión sumó 35 nuevos estudios y más de 2.500 participantes respecto a evaluaciones previas, consolidando la evidencia a favor del ejercicio como estrategia para el manejo de la depresión en adultos, una de las principales causas de mala salud y discapacidad que afecta a más de 280 millones de personas en todo el mundo. Los 73 ensayos, realizados en diversos países, siguieron criterios científicos internacionales para asegurar resultados representativos.

Sin embargo, la solidez de la evidencia es variable. En los subgrupos de estudios con mayor rigor metodológico, el beneficio del ejercicio resultó menor, aunque seguía presente. Solo 22 de los 73 ensayos aseguraron ocultamiento adecuado de la asignación, y menos de la mitad emplearon evaluadores enmascarados, lo que incrementa el riesgo de sesgo. Los resultados de diez ensayos (414 participantes) que compararon el ejercicio con psicoterapia indican que probablemente existe poca o ninguna diferencia en la reducción de los síntomas de depresión al final del tratamiento. De manera similar, cinco ensayos (330 participantes) compararon el ejercicio con tratamientos farmacológicos y sugieren que podría haber poca o ninguna diferencia.

Respecto a la duración, la mayoría de los estudios incluyó programas de ejercicio estructurados y supervisados durante periodos breves. Hay escasez de datos sobre la persistencia de los efectos en el largo plazo. La heterogeneidad de los protocolos y el uso de escalas autoinformadas complica todavía más la interpretación de los resultados. De esta manera, los autores advirtieron que esto “significa que la duración de cualquier beneficio es incierta, aunque los beneficios reportados parecieron disminuir con el tiempo tras la finalización del programa de ejercicio”.La consolidación de datos deLa consolidación de datos de casi 5.000 participantes apoya la actividad física como estrategia válida para el manejo de la depresión en adultos (Freepik)

A pesar de estas advertencias, el ejercicio físico se perfila como una alternativa accesible y segura para muchas personas adultas con depresión. La incidencia de eventos adversos fue baja, principalmente lesiones musculoesqueléticas leves. En contraste, los fármacos antidepresivos se asociaron a mayor frecuencia de fatiga, disfunción sexual y molestias gastrointestinales.

El beneficio del ejercicio no es uniforme para todos. Los expertos aclaran que la motivación personal y la constancia son factores clave para lograr mejoras. La elección y persistencia en un tipo de actividad dependen de las preferencias individuales y la disponibilidad de recursos.

No hay consenso sobre el tipo o intensidad de ejercicio más adecuado para reducir los síntomas depresivos. La revisión no halló diferencias consistentes entre modalidades aeróbicas, de fuerza o combinadas, ni respecto a la cantidad óptima de sesiones. Sin embargo, actividades de intensidad ligera o moderada, repetidas entre 13 y 36 veces, podrían resultar especialmente útiles para algunas personas.

El perfil de riesgo adverso fue bajo: las lesiones leves predominaron en el grupo de ejercicio, y los eventos graves fueron raros en ambas alternativas. Los participantes tratados con fármacos informaron con más frecuencia efectos como fatiga y disfunción sexual.

Los especialistas recomiendan considerar el ejercicio como complemento o alternativa en el tratamiento de la depresión, sobre todo en casos donde se busca evitar eventos adversos de los fármacos o hay dificultades para acceder a la terapia psicológica. Insisten, sin embargo, en que la actividad física no debe sustituir de manera sistemática a los tratamientos convencionales.La depresión afecta a másLa depresión afecta a más de 280 millones de personas en todo el mundo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El informe destaca la carencia de estudios sobre coste-efectividad del ejercicio frente a otras terapias y la falta de datos acerca de su impacto a largo plazo. Por eso, subrayan la necesidad de nuevos ensayos que sean más robustos, diversos y con seguimiento prolongado, con el fin de precisar el efecto real del ejercicio en la salud mental. “El ejercicio puede ayudar a las personas con depresión, pero si queremos averiguar qué tipos funcionan mejor, para quién y si los beneficios persisten con el tiempo, todavía necesitamos estudios más amplios y de alta calidad”, comentó Clegg.

En un comunicado del centro benéfico británico Science Media Center, Brendon Stubbs, doctor en Filosofía por el King’s College de Londres, afirmó que esta revisión actualizada refuerza la postura del ejercicio como una “opción basada en la evidencia en el manejo de la depresión, aunque los datos a largo plazo siguen siendo limitados”.

“En la práctica clínica, esto respalda la integración del ejercicio en los planes de tratamiento de la depresión, dado su perfil favorable de eventos adversos en comparación con los efectos secundarios farmacológicos (…) En última instancia, para las personas con depresión, la evidencia indica que el ejercicio puede ofrecer beneficios a corto plazo similares a la terapia o la medicación para algunos, pero las decisiones para cambiar o combinar enfoques deben tomarse en colaboración con los proveedores de atención médica, teniendo en cuenta las circunstancias individuales”, agregó.

De cara al futuro, los expertos ven potencial en investigaciones que integren el apoyo conductual en entornos habituales de atención sanitaria, ampliando así las posibilidades de la actividad física en el manejo de la depresión.

infobae

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